Demasiado superficial, simplista y didáctica

★★☆☆☆ Mediocre

Munich

La nueva película de Steven Spielberg es de esos raros casos que se convierten en un dilema para quien esto escribe. Es complicado reseñar la cinta sin dar puntos de vista personales sobre el tema en el cual intenta profundizar el guión. Así que trataremos de exponer las dos cosas. Spielberg desarrolla la cinta con las consecuencias del evento, siguiendo la cadena de violencia que, lejos de resolver un problema, simplemente lo perpetúa y lo exacerba.

Al inicio de “Munich”, Spielberg recrea el ataque terrorista que, durante los Juegos Olímpicos de 1972 en Munich, terminó con la muerte de 11 rehenes, cinco terroristas palestinos y un policía alemán.

Entonces Golda Meir, Primera Ministro de Israel, inicia una operación secreta llamada “Ira de Dios”, donde cinco ex-agentes del Mossad (el servicio secreto israelí) llevarán a cabo una campaña de venganza, asesinando a los 11 cabecillas del grupo terrorista palestino “Septiembre Negro”.

Esos hombres formaban parte de un comando nacionalista palestino que se hacía llamar “Septiembre Negro”, bautizado así en homenaje a los tres mil muertos y diez mil heridos que dejó como saldo la operación de expulsión de palestinos montada por el ejército jordano en dicho mes de 1970.

La película no muestra aquellos eventos, pero es obvio que forman parte de la cadena de violencias y venganzas que tomaron un nuevo cariz a partir de Munich y que llegan con sus dramáticos efectos hasta nuestros días. La toma de los rehenes israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972 fue, acaso, el primer acto terrorista transmitido en directo para todo el mundo por la televisión.

Y fue el germen que dio lugar a un nuevo tipo de respuesta israelí, distinta de la militar convencional y que supuso la adopción de métodos de contraterrorismo que, en muchos casos, se asimilan a los de los enemigos.

De esta forma, seguimos a Avner (Eric Bana) y su grupo de agentes alrededor del mundo durante meses, mientras llevan a cabo su labor, obteniendo información de un misterioso hombre francés y cuestionando a cada paso la utilidad de esa misión.

Obviamente las ejecuciones están enviando un claro mensaje a los terroristas palestinos, que también responden con violencia; y, peor aún, el asesinar a los líderes de la organización terrorista no se logra el desmantelamiento de la misma. Los jefes asesinados son simplemente reemplazados por hombres aún más violentos y militantes.

¿A quién beneficia la cadena de violencia?

“Munich” ha recibido severas críticas por su supuesta inexactitud histórica, pero hay que tomar en cuenta que su guión está “inspirado” en un libro que también está “inspirado” por los supuestos hechos reales.

Desde luego los puntos principales de la historia ocurrieron realmente, pero la trama y los personajes son probablemente ficticios; y no veo razón para criticar esa actitud, pues el propósito de la cinta va más allá de ser una mera herramienta didáctica; en vez de ello, se atreve a ofrecer un mensaje mucho más importante, denunciando de forma cruda y clara el círculo vicioso de violencia que genera el terrorismo y la supuesta guerra contra el terrorismo.

Ciertamente es una de las obras más maduras de Spielberg, pues logra complementar la narrativa con su estilo cinematográfico, el cual emula la plástica visual de los thrillers de espionaje de los setentas, sumergiéndonos de lleno en esa década, pero sin caer en pueriles exageraciones.

En la misma línea tenemos el preciso modo como se recrea la violencia de los ataques; lejos de caer en vacío espectáculo visual, la violencia se presenta de forma natural y hasta prosaica, dando así mucho mayor impacto y realismo a esas escenas.

El trabajo del elenco es sobresaliente, y hay que aplaudirle a Spielberg la decisión de no emplear “estrellas” en la cinta, sino auténticos actores capaces de transformarse en sus personajes.

Y aunque siempre mantienen su posición anónima detrás de las cámaras, hay que hacer mención especial del dúo dinámico de Janusz Kaminski como director de fotografía y Michael Kahn como editor. Sin duda gran parte de la “magia de Spielberg” viene de esos dos constantes colaboradores.

Ojalá pudiéramos decir lo mismo de John Williams, cuya música es ahora tan blanda y anónima como lo fue espectacular y ruidosa en décadas pasadas.

Su trabajo en “Munich” no es malo y funciona razonablemente bien, pero nos hubiera gustado ver lo que algún compositor más innovador (digamos, Elliot Goldenthal o Graeme Revell) hubiera logrado con las tensas escenas y ambiguas emociones de “Munich”.

Más allá de la valentía (narrativa, dramática y especialmente política) de su propuesta, “Munich” tiene todo para irritar a los distintos segmentos del público.
Lo mejor: La decisión de no emplear “estrellas” en la cinta, sino auténticos actores.
Lo peor: “Munich” tiene todo para irritar a los distintos segmentos del público.

publicado por Victor Omar el 27 enero, 2006
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