Lo que queda al final es una película con asesinatos encadenados, ni más ni menos. Podría haber sido Lecter, podría haber sido Freddy Kruger. Desgaste absoluto de la fórmula.

★☆☆☆☆ Pésima

Hannibal: El origen del mal

Hanibal forma parte de nuestras vidas desde hace ya demasiados años. Son ya 16 años los que llevamos conociendo al Dr. Lecter a través de secuelas, precuelas, y ahora, orígenes. Y tanto tiempo sólo puede tener una consecuencia: el desgaste absoluto de la fórmula. Los únicos que se muestran impasibles ante esta situación parecen ser Dino De Laurentis, su productor, y Thomas Harris, padre de la criatura, que aún le quedan rincones del personaje que explorar, pero que queréis que os diga, no siempre puede contarse una historia interesante.

‘Hannibal: El origen del mal’ se presentaba como una historia oscura donde veríamos a Lecter inocularse de esa actitud de psicoanalista feroz y caníbal desalmado, Me preguntaba si el porqué de una forma de vida tan mecánicamente desalmada tendría su explicación en sucesos sorprendentes, e incluso teorizaba sonçbre el cambio interno que ha de ocurrir para tan salvaje disposición a matar (vease el destino de Ray Liotta en ‘Hannibal’). Sin embargo, y tras ver ‘ El orígen’ me he encontrado con la típica historia de venganza burda con preliminares algo difusos. Una película de asesinatos, sin tensión ni trama aparente. El ‘orígen’ ideado por Harris ha quedado pequeño ante el aura del personaje, mucho más complejo que este Hannibal descafeinado, y por mí, hubiese preferido seguir sin descubrirlo.

El film cuenta cómo un Lecter infante, el cual debe presenciar un suceso escalofriante, se convierte en un Lecter adolescente que vive atormentado por lo acontecido, y prepara su venganza frente a los responsables. ¿ A que no se puede ser más inconcreto?, pues lo hago deliberadamente ante la simpleza del guión que se presenta en esta precuela. Dos únicos pivotes sustentan el film: la primera media hora, donde se nos cuenta el porqué, y la última media hora donde se nos cuenta el cómo. El porqué me entran ganas de matar, y el cómo lo hago para que parezca enfermizo. Nada de ello honra al Lecter que vimos en ‘El Silencio’, y parace ser una burla del Hopkins de ‘Hannibal’. La forma de engarzar esos dos motivos principales para convertirse en un ser tan temido se plasma en esta precuela de una forma tan forzada como a veces absurda. Me sobra el policía, la tía de Lecter, el carnicero….

Tras ver los créditos tengo claro que primero fue una novela y después su adaptación, y más claro aún que Harris ha sido el artífice de ambas. Lo digo porque normalmente esto da lugar a una mayor fidelidad a la historia original, y eso me deja perplejo ante la vanalidad con la que el escritor ha dotado a su niño de un orígen decente. Es cómo si le hubiesen encargado un guión por co***, y con esa obligación, dibujar la infancia de Lecter de la primera forma que se le ha venido a la mente. Antes de que veamos un mínimo atisbo de canibalismo en Lecter no hay muestra algun de que al personaje sea ese ‘hambre’ el que le lleva a cometer sus particulares asesinatos. Tampoco me queda muy claro cuando Lecter decide ser caníbal. Y menos claro tengo aún que lo haga por lo vivido de niño, ya que la primera víctima del personaje nada tiene que ver con su pasado. En fín, una amalgama de incoherencias que pueblan la mitad de una película que debería haber sido mejor planeada, o a la vista del resultado, jamás realizada.

Mucha gente dirá que la ambientación es increíble, y las interpretaciones correctas, pero no era eso lo que buscaba en este film. El actor encargado de dar vida al psicópata ha sido apercibido de mostrar todas las caras sádicas que conozca, pero eso lo hacen también en los telefilmes baratos, y no son Lecter. Las escenas de Gaspard Ulliel y Gong Li son incoherentes. Más aún cuando Lecter aprende el uso de la espada samurai (un despropósito), y la figura del policía está pensada para amenazar la tranquilidad asesina del protagonista, pero ni por esas, parece al final que su presencia se debe a reiterar que el chico es un ‘monstruo’, un recurso bastante facilón.

Lo que queda al final es una película con asesinatos encadenados, ni más ni menos. Podría haber sido Lecter, podría haber sido Freddy Kruger. Si alguna vez oís el término ‘personajes en dos dimensiones’, esta película es su mayor ejemplo: lo que ves es lo que hay. Si la historia del cine la convierte en la última entrega de las andanzas de Hannibal Lecter, será un final poco digno de sus predecesoras, un producto deliberadamente comercial con calidad dudosa. Sus fans deberían darle un toque a Harris, que finalmente ha perdido el rumbo….
publicado por Bloody Will el 5 abril, 2007

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