Otra vuelta de tuerca más a una historia que poco más de sí puede dar ya. Una película para incondicionales de El Caníbal, pero poco más.

★☆☆☆☆ Pésima

Hannibal: El origen del mal

Hace ya algunos años, los grandes estudios encontraron una nueva manera de obtener pingües beneficios utilizando como reclamo un gran éxito de una o dos décadas anteriores. Si hasta entonces se estilaban las secuelas de estas rentables producciones, de repente a alguien se le ocurrió la idea de crear películas ubicadas en un tiempo anterior a la original, en lugar de la habitual continuación de la historia primigenia. Precuela fue el nombre que recibieron estos filmes, que alcanzaron sus mayores cotas de expectación con el estreno de los tres primeros capítulos de Star Wars.

Diez años después de el estreno de El Silencio de los Corderos nos llegó una desastrosa segunda parte, Hannibal, y tan sólo un año después la primera precuela de la saga, El Dragón Rojo, que alcanzó un aceptable éxito de crítica y público. Hannibal, el origen del mal recrea la infancia de Hannibal Lecter, y pretende ahondar en los hechos que le convirtieron en un sanguinario asesino.

Entre los cambios más notables en esta última entrega, destaca el hecho de que por primera vez no aparece Anthony Hopkins, algo lógico si tenemos en cuenta que lo que se nos cuenta esta vez es la infancia y juventud del personaje. El filme va de más a menos, partiendo de un comienzo lleno de fuerza que va dejando paso a un ritmo un tanto cansino que termina por conseguir que se haga un poco larga. En general, da la impresión de que más que explicar se trata de justificar la conducta posterior del psicópata, pretendiendo crear en el espectador lazos afectivos con el criminal. Tampoco son muy destacables ni las interpretaciones ni ningún aspecto técnico. Una película para incondicionales de El Caníbal, pero poco más.
Lo mejor: Los forofos de El Canibal tienen otro filme al que rendir culto. También despierta cierta curiosidad conocer la historia.
Lo peor: Parece que intenta crear lazos afectivos entre el asesino y el espectador.
publicado por Oscar Cantero el 21 abril, 2007

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