Uno va a ver la película más cara de la historia del cine y no le gusta encontrarse con un empacho de existencialismo francés mal digerido y pasado por la turmix del Disney style. Yo no sé si a Raimi & Co. se les ha subido la fiebre arácnida a la ca

★★☆☆☆ Mediocre

Spiderman 3

Qué aburrimiento: Spiderman 3 una cosa dramática. Los niños bostezaban entre plúmbeas escenas de conversaciones de adultos y los mayores se desesperaban ante el infantilismo de los personajes. De vez en cuando llegaba la acción, pero era como despertar ante la tele y ver con sopor algún gol suelto, a años luz de las emociones. Así de decepcionante ha sido “Spiderman 3”.

Ya he dicho en otras ocasiones que me encanta el estilo directo, contundente y pasional de Íñigo Domínguez, corresponsal en Italia de Ideal. Efectivamente, querido Íñigo: al pan, pan y a Spiderman, aburrimiento.

En unos cines petados como nunca, con colas kilométricas que agotaron todo el taquillaje para ver al Hombre Araña, al final de la película, el comentario más extendido era: “La vin compae, que película más larga”. E, inmediatamente, las conversaciones se trufaran de una palabra maldita cuando se habla de una película, especialmente cuando se supone de entretenimiento puro: aburrimiento.

Porque, ¿a quién le interesan las cuitas metafísico-sentimentales de Spiderman? Una cosa es la querencia por el lado oscuro de Batman, sus miedos y temores; y otra muy distinta esta balbuceante telenovela arácnida: te quiero-no te quiero; te envidio-te admiro; te comprendo-paso de ti-no estás cuando te necesito; te amo-te odio… ¡Por Dios! Que para culebrones ya tenemos a Diego de la Vega y a la india Yumalai.

El caso es que “Spiderman 3” dura dos horas y media que parecen cinco, te hace removerte en la butaca, mirar el reloj continuamente, consultar el móvil en busca de un SMS que te saque del tedio y, de haber azafatas en la sala, ganas dan de pedir una almohada y unos tapones para los oídos y echar una cabezadita hasta que salgan los títulos de crédito.

Vale, vale. Me estoy pasando. He exagerado un tanto. Tampoco es que uno sienta irrefrenables ganas de abrirse las venas o algo. Hay que reconocer que los efectos especiales son la leche, que Spiderman vuela de maravilla, que el traje negro mola mazo y, sobre todo, que el Hombre de Arena es una pasada. Vale.

Pero uno va a ver la película más cara de la historia del cine y no le gusta encontrarse con un empacho de existencialismo francés mal digerido y pasado por la turmix del Disney style. Yo no sé si a Raimi & Co. se les ha subido la fiebre arácnida a la cabeza, pero estos devaneos de Kierkegaard para niños resultan pretenciosos, estúpidos y sinsentido.

Con lo buena, compleja y estimulante que resultó el último “Batman”, menudo patinazo nos hemos llevado con este “Spiderman” autocomplaciente, ombligista y onanista. A ver si los directores/productores de cine de acción se enteran de que para hacer películas con mensaje, comprometidas y tal y tal no es necesario aburrir hasta las ovejas, con interminables discursitos cargados de moralejas. Que para eso ya tenemos a los Bucay y Coelho de turno.

Lo peor:

publicado por Jesus Lens el 5 mayo, 2007

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