Si no es su mejor película, es sin duda la más arriesgada tan solo por embarcarse en una producción -con todo Estados Unidos en una ambigua abstención- durante el momento de mayor dominio e influencia alemán, haciéndola por todo ello mucho más valios

★★★★★ Excelente

El Gran Dictador

El Gran Dictador nace como un chiste por la apropiación de Hitler de la máscara de Charlot y de su universal y famoso bigote. Luego torna en bronca por el crecimiento y popularidad de este nefasto personaje, casi una venganza hecha por un artista que en ese momento declara no tener el honor de ser un verdadero judío.

La recordada escena del globo terráqueo, con su infinita poesía y determinación al retratar la obsesión patética del dictador Hinkel (Hitler) y sus ansias de poder; es tanto un arma contundente como un testimonio fílmico inolvidable, tanto por su lirismo como por su permanencia en el recuerdo.

Más todavía se agiganta, al estar unida al ritmo de la escena en la peluquería, a cargo del barbero Charlot y al son de la marcha húngara de Brahms y su baile-fantasía, al afeitar un cliente y demostrar su destreza sin par. Tampoco Chaplin logra en el cine sonoro despegarse del todo del vagabundo, varios momentos jugados por el peluquero lo atestiguan.

Solo estos dos momentos y sus escasos diez minutos de duración, bastarían para justificar el nombre de este artista en letras de molde. Una escena no feliz jugada por la limitada Paulette Goddart -al declamar en la puerta del guetto-, el discurso final que para algunos suena pedante, y alguna que otra escena inconexa; no opacan la grandeza y valentía de un gran film.

Si no es su mejor película, es sin duda la más arriesgada tan solo por embarcarse en una producción -con todo Estados Unidos en una ambigua abstención- durante el momento de mayor dominio e influencia alemán, haciéndola por todo ello mucho más valiosa. Sin dudas, un film clásico de un artista clásico. Historia pura.

Resumen: Chaplin hace aquí dos papeles. Como Hynkel, dictador de Tomania, ordena hostilizar a la población judía y proyecta la invasión del vecino país de Austerlich. Como barbero judío Charlot ve sufrir a sus compañeros del ghetto. La similitud física de ambos personajes lleva a la confusión, donde el barbero usurpa casualmente el puesto de Hynkel, y pronuncia finalmente un discurso a favor de la paz, la igualdad, la democracia y la hermandad entre los hombres.
Éste discurso final dio la vuelta al mundo.
publicado por JLO el 6 mayo, 2007

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