El problema de Crimen Ferpecto no está en su ritmo -sostenido y fluído- ni en los personajes -todos estereotipados-, sino que queda siempre la sensación de poca contundencia.

★★★☆☆ Buena

Crimen ferpecto

Hay algo que no funciona en esta comedia de Alex de la Iglesia. Dueño de una filmografía sólida y con características propias (durante la tríada compuesta por El día de la bestia (1995), Perdita Durango (1997) y Muertos de risa (1999), que lo hicieron un especialista en este género, logrado a base de exaltar o «celebrar» el ridículo humano, con humor negro corrosivo, «bizarro» y por demás potente.

Crimen transcurre en un shopping, que lejos del lugar frío y aséptico recurrente, es el lugar donde afloran en carne viva los celos, la competencia a ultranza, como también el sexo entre los protagonistas y sus siguientes y nefastas consecuencias.

Rafael -Guillermo Toledo, excelente- es un ambicioso vendedor, materialista y misógino, que lleva todo hasta sus últimas consecuencias al querer lograr ser el jefe de planta de su sección, otro claro ejemplo de la galería de personajes «borders» del director. El poder está siempre presente en todos sus films, tanto sea por el liderazgo, como por dinero o una simple ambición desmedida.

Una de las mejores cualidades de De la Iglesia, que vuelve a re-confirmar en esta película, es la de ser un gran director de actores. El nivel heterogéneo de la actuación -junto a la elección del casting- es excelente, aún en todos los secundarios. La mejor escena, la que da muestras de su cinidad y el timming para la comedia, es la que juegan la pareja protagonista en la cena en la casa de ella: de lo más risueño y mordaz de su cine.

El problema de Crimen Ferpecto no está en su ritmo -sostenido y fluído- ni en los personajes -todos estereotipados-, sino que queda siempre la sensación de poca contundencia, de un lánguido ejercicio casi «de taquito» por el director, así como también una repetición de estilo.

Su trama es un tanto obvia que ni la sumatoria de gags junto a las referencias al cine de Buñuel, Hitchcock y Chaplin -el uso del suspenso, del surrealismo, del cine negro, el del shopping al cierre- logran sacar a flote, rematado por un final débil y demasiado concesivo. Casi de compromiso.

Tanto Crimen Ferpecto como Alex de la Iglesia igual levantan la puntería luego de la fallida 800 balas, aunque solo sea de forma superficial. A los directores de peso y con características propias se les pide siempre un poco más y no hay nada de malo en ello. Crimen no es «ferpecta» ni mucho menos, pero es lo que hay.
publicado por JLO el 10 mayo, 2007

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