muchocine opiniones de cinedesde 2005

La película es demasiado larga. Es interesante y entretenida, pero llega un momento en el que el espectador desea que acabe.

★★★☆☆ Buena

Borrachera de poder

Esta película tal vez sea la historia de lo que estamos acostumbrados a leer en la prensa o ver en los noticieros. Empresarios y políticos descubiertos en sus acciones más viciosas y bajas. Malaya, de cierta forma, vendría a ser una versión desmejorada, aunque real, de lo que quiere describir Chabrol. Sin embargo, el director de la ‘nouvelle vague’, busca una película inspirada en todos y en un ninguno. Y por eso en el inicio no duda en subrayar que cualquier parecido con la realidad es solo una coincidencia. Pero Chabrol trasciende la evidencia e intenta descubrir a las dos partes que participan en el juego de la justicia: la oficial y la juzgada.

La jueza Jean Charmant, interpretada por Isabelle Huppert, investiga un caso de corrupción económica en un importante grupo empresarial. Mientras descubre informaciones y va desentrañando los ejes de actuación de los altos cargos, su éxito y su poder laboral aumentan. Sin embargo, abandona paulatinamente su vida privada.

En los 105 minutos que dura la película, Claude Chabrol desea mostrar las dos partes de una realidad. El conflicto no termina con los acusados. Chabrol experimenta un poco más allá y analiza el comportamiento de una funcionaria que también se ve embebida de poder. De cierto modo, el director quiere demostrar que el poder atrapa a cualquier persona que ose sostenerlo durante unos segundos entre sus manos.

Jean Charmant, la jueza, es una mujer de apariencia frágil y delicada, cualidades que se difuminan con su carácter fuerte. A veces su actitud roza con lo cruel cuando interroga al pobre Humeau, uno de los acusados. La jueza remueve hasta los detalles últimos: la ropa que viste la amante del acusado, la construcción de una piscina, los gastos en hoteles y árboles frutales, en fin, el dinero público usado como propio. La jueza, no obstante, cada vez que ahonda en su investigación, perdiendo parte de su vida privada. Solo mantiene una relación cercana con Félix, el sobrino de su marido, que, pese a todo no deja de ser una relación ambigua.

El marido, por su parte, Philippe es relegado relegado de la vida de la jueza desde un inicio, hasta que decide llamar la atención con un intento de suicidio. Pero Jean Charmant está tan cegada por su papel y posición que se comporta de un modo distante.

En suma, Chabrol se luce en las relaciones que crea entre los personajes. Cada una es tan intensa que necesita tiempo para describirlas. Por lo mismo, la película es demasiado larga. Es interesante y entretenida, pero llega un momento en el que el espectador desea que acabe.
publicado por Paula Zurita el 15 mayo, 2007

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