En esta tercera, no me he enterado prácticamente de nada, lo que sin duda es problema mío. No lo niego.

★★★☆☆ Buena

Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo

¿Se acabó? Esperemos que sí, porque no creo que fuera yo capaz de verme una cuarta parte de las andanzas de Sparrow & Co, mayormente, porque no entiendo nada. Ya en la segunda, ante las carcajadas del respetable, que a mí no me decían nada, me daba cuenta de que no estaba en el ajo y de que me estaba perdiendo bromas, guiños y cosas.

Pero es que ya, en esta tercera, no me he enterado prácticamente de nada, lo que sin duda es problema mío. No lo niego. Si el cine estaba lleno de críos poco menos que de pecho, y aguantaron incólumes las dos horas y media de película sin marcharse, llorar o aburrirse, está claro que la película tiene algo. Pero a mí me costó encontrarlo.

Es decir, aparte de la indudable e indiscutible potencia de muchas imágenes y secuencias. Y eso me hace recordar una polémica que se armó en el Blog de Oti Rodríguez Marchantes, llamado precisamente Una de Piratas, a cuenta de un concepto tan confuso como ¿revolucionario?: el Postcine.

Si yo me enteré medianamente bien, eso del Postcine vendría a ser algo así como el vértigo de las imágenes, la acumulación de secuencias tan espectaculares como avasalladoras en que unas anulan a las anteriores, sin que haya tiempo para guardarlas en la retina. Por eso, el postcine estará protagonizado por la publicidad y los vídeo clips, muchos de cuyos realizadores más afamados terminan dirigiendo largometrajes, en los que, generalmente, los protagonistas serían el ruido y la furia más desatados.

¿Serían la saga de Sparrow, o la de Spiderman, MI y otras franquicias por el estilo, las representantes de este Postcine? Porque sí así es, que avisen… que yo me bajo. Reconozco que la espectacularidad de algunas secuencias de esta Piratas del Caribe es arrebatadoramente hermosa y que en cine de pantalla grande, hay momento en que alucinas. Pero la historia es pesada, los personajes son aburridos y lo que les pase a unos y otros, la verdad, me traía sin cuidado.

A mí me gustaba el Hombre Pulpo. No se qué Jones se llama. Y me gustan los barcos. Y el diseño de producción. Y algunas secuencias de abordajes. Pero no me pregunten quiénes son los buenos, quiénes los malos, quiénes traicionan a quiénes ni por qué. Por no saber, no sé quiénes están vivos y quiénes muertos, ni quiénes son zombies o muertos vivientes.

Me gustó la secuencia del barco, el desierto y los cangrejos, por lo surrealista de la misma. El mono tan disneyano. La mala leche de algunos planteamientos… pero no me parece una película redonda, la mitad de los chistes no me hacen la más mínima gracia y hay gracias sonrojantes, propias de película de Ozores, como la del mirón atisbando la entrepierna de la heroína a través de unas tablas.

¿Merece, por tanto, la pena ir a ver la película? Sí. Merece la pena porque es una de piratas, porque algunas secuencias son memorables y porque siempre merece la pena ir al cine. Pero, vamos, que si alguien se la pierde, no sería como para tener un trauma tampoco.

Lo peor:

publicado por Jesus Lens el 27 mayo, 2007
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