Si usted siente algo en la boca del estómago viendo tan felices a todos los amigos de Soderberg no tiene que preocuparse. Se llama arcadas. Y se pasa cuando acaba la película.

★★☆☆☆ Mediocre

Oceans 13

Los actores de la saga Ocean’s tienen fama de pasárselo bien con los rodajes y luego promocionando la película. Hablaban de ella en Cannes con la misma ironía que si acabaran de inventar, ellos solos, la ironía. Se parecen a los personajes de ese libro “FISH” que explica, inspirandose en el sublime ejemplo de una pescadería, cuales son las reglas que hay que recordar para que el clima de trabajo sea positivo y no un vertedero de energía. La fama es, a veces, una pérfida damisela que otorga sus favores a quien menos los merece (La lamentación vale tanto para el libro como para la película).

La trilogía de Danny Ocean consiste en historias de grandes fortunas que cambian de mano, de millonarios y de hombres simpáticos que merecerían serlo. En la primera, la 11, el personaje de Clooney y el de Andy García competían en el campo del ingenio, del dinero y, sobre todo, en el del corazón de Julia Roberts. En la segunda venían a Europa para disputar con un ladrón europeo quien de todos meaba más lejos, ¿el dólar o el euro? La tercera recorre el sendero trillado de una venganza.

Soderbergh transmite su camaradería con el reparto y también con el público. Su estilo consiste en tratarnos como a iguales, por eso no malgasta nuestro tiempo. Practica la elipsis como un complice que no quiere molestarnos. Cabe agradecerselo, sobre todo, si uno es dueño del video-club que se hará indispensable para todos los que quieran entender lo que ha ocurrido.

Tuneladoras, fábricas de dados, programas informáticos que leen en la pupila si un ganador ha hecho trampas. Hay en Soderberg una inclinación irreprimible a dejarnos epatados, ya sea con la magnificencia de los casinos de Las vegas, ya sea con la sofisticación de los métodos de los ladrones de casinos de Las Vegas. Una de las piezas necesarias para el golpe, la fábrica de dados, sufre una huelga de los trabajadores. Para los protagonistas la sorpresa más inesperada es descubrir la ridiculez del monto de la suma de todas las reivindicaciones laborales de un piquete. Es consolador saber cuanto se la repampinfla a todos como vive el resto de los mortales. Se aproxima mucho a cuanto nos importa al resto de los mortales como viven ellos.

Si usted siente algo en la boca del estómago viendo tan felices a todos los amigos de Soderberg no tiene que preocuparse. Se llama arcadas. Y se pasa cuando acaba la película.
publicado por Jose Contreras el 11 junio, 2007

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