El trabajo de Viscarret gana enteros gracias a las interpretaciones de sus actores. Sobre todo a un Alberto San Juan, que logra que un sinvergüenza de su calaña llegue a tocar la fibra sensible.

★★★☆☆ Buena

Bajo las estrellas

“Bajo las estrellas”. Sin techo y deambulando sin morada fija, o protegiendo con un manto celeste los sueños rotos o sin cumplir. Sugerente el título de la ópera prima del prometedor, o eso espero, Félix Viscarret, un pamplonica que, bajo el auspicio de Fernando Trueba en la producción, nos lleva desde Madrid al perdido pueblo navarrés de Estalla, para asistir al proceso de madurez, y de reencuentro consigo mismo, de Benito Lancuza (Alberto San Juan).

Un trompetista que, en esa búsqueda de su destino, escapó de esos valles y gentes en un intento de triunfar en la metrópoli. Y allí se rebautizó, artística y simbólicamente, como Benny Lacun.

Pero el talento, o la suerte, no eran los aliados de este “gran” Benny Lacun, en realidad un don nadie, un fracasado, un cafre y un borracho. Incapaz de derramar una lágrima, ni por su agonizante padre en el lecho de muerte. Cuestión de egoismo, o de traumas que se remontan a la infancia. Y Benito, niño grande, a punto para hallar su camino.

El tapiz humano se enriquece con un hermano buenazo hasta lo patológico, apodado “”tuboloco”” o “”Hierros”” por su inusitado don para realizar esculturas con simple chatarra (excelente Julián Villagrán); una muchacha, ahora mujer, castigada por su pasado, intentando sobreponerse al futuro (Emma Suárez); y una niña, silenciosa, enigmática y rebelde (Violeta Rodríguez) capaz de robarle el corazón a ese hombre que no puede llorar.

No le falta poesía y sensibilidad a la propuesta, ni tampoco un toque de presunta tosquedad montañesa mezclada con nihilismo urbano, en esta obra del debutante Félix Viscarret que aliña sus imágenes de naturalidad ‘amateur’ y cuidada dejadez, en los encuadres y el montaje. Pero especialmente, no escasean los elementos más dramáticos, siempre bajo el barniz, más que de las estrellas, de la comedia que tanto nos ayuda a alejarnos de la rigidez de lo trágico.

Aún así, más convencional y, por momentos, plomizo, de lo deseable, el trabajo de Viscarret gana enteros gracias a las interpretaciones de sus actores. Sobre todo a un Alberto San Juan, que logra que un sinvergüenza de su calaña llegue a tocar la fibra sensible. Divertídisima, por ejemplo, la secuencia en la cabina telefónica con benito hablando con su amante de Madrid, la Pauli (Luz Valdenebro).

Mención especial merece también la música de Mikel Sala (“Romasanta”, “Bagdad Rap”), y buen ojo, se supone que el de Fernando Trueba para elegir compositores, con un espléndido tema principal ‘country’ que enlaza con ese tono de ‘western’ a la navarresa que ha buscado su director.
Y aunque el argumento, adaptando la novela “El trompetista del Utopía”, de Fernando Aramburu, no ofrezca más, pero tampoco menos, se consigue dar fe que, en este mundo terrenal nuestro, “”bajo las estrellas””, del mismo modo que de las chatarras se puede llegar a esculpir arte, también entre las vidas cubiertas de mugre y desechos puede haber esperanza.
publicado por Carles el 19 junio, 2007

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