La paradoja está en que es la estrella quien necesita que le arrope su admiradora, y no al revés.

★★★☆☆ Buena

Odette

El realismo es una carga que a veces se hace insoportable. “”Nuestros amigos los lógicos”” como los llamaba Hitchcock en la entrevista de Truffaut, se agarran a cualquier irrelevancia para demostrar que el director se equivoca. Tengo un amigo que contaba los indios de las películas del oeste para demostrar que habían matado más de los que faltaban. Por eso, los directores que quieren quitarse de encima el ruido de avispas de “”nuestros amigos los lógicos”” les dan barbaridades completamente increíbles y los tienen callados toda la película. Odette levita.

Un escritor famoso en horas bajas recibe una carta de una admiradora que le devuelve la fé en la vida. Va a visitarla y se queda a vivir con ella unos días. El escritor vive la vida que han elegido otros, el éxito, el dinero, la mujer de plástico. La crítica dice de él que escribe para peluqueras y empleadas de grandes almacenes que tienen en su dormitorio posters con una puesta de sol. Odette es el paradigma de la empleada de unos almacenes con uno de esos posters.

En una sociedad en la que los famosos conocen a una ínfima parte de los que les conocen a ellos, la paradoja está en que es la estrella quien necesita que le arrope su admiradora, y no al revés. La protagonista es ella, aunque al principio no quede muy claro. ¿Qué puede ofrecer una viuda que colecciona muñecas a un escritor famoso? O bien ¿En que consiste esa felicidad del título? Tiene mano con sus hijos, es feliz con su hijo gay que trae muchos novios a casa, pero no con el aprovechado que ha elegido su hija. Adorna las pequeñas cosas de la vida con números de cabaret. Baila bonitas coreografías mientras hace las tareas de la casa. ¿Es eso suficiente? Posiblemente no, pero se agradece el intento. La han comparado con “Amelie” por su ternura, pero yo la compararía con nuestra Cándida por su ingenuidad militante. El resultado le debe mucho a Catherine Frot, no porque lo haga bien, sino porque, a sus 50 años, está para comérsela.
publicado por Jose Contreras el 7 julio, 2007

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