La principal rémora en el estilo y la identidad de la obra es la mediocre visualización del director Mike Newell, superflua y reiterativa. Sus planos cortos y su pésimo sentido del ritmo (en realidad, carece de ritmo visual) hacen difícil la distinci

★★☆☆☆ Mediocre

Harry poter y el caliz de fuego

El cáliz de fuego narra una historia de conspiración en la que Harry Potter es el mago de paja y la pieza determinante para la consecución de un fin: el renacimiento de Voldemort. La historia despliega varias subhistorias, alternando secuencias entre una competición de magos y los primeros conflictos en el amor y la amistad. Considerando la saga en su conjunto, ésta entrega confirma la evolución del universo harrypotteriano desde lo infantil hacia lo púber. Los personajes crecen, Hogwarts crece y se convierte en el espacio testigo del avance hacia la edad adulta, análogo a unos acontecimientos que siguen una pauta de dramatismo “in crescendo”. Consideramos que el atributo más representativo y destacable de la saga es esa progresión de tonos, desde la tierna infancia hasta la pubertad problemática. Parece que el paisaje, la simbología y la arquitectura de Hogwarts, los misterios y acontecimientos que encierran sus muros y valles circundantes, es un reflejo o metáfora de las inseguridades, de los miedos y de los cambios hormonales en sus protagonistas humanos. Tal vez no sea muy arriesgado decir que, en el futuro, la saga de Harry Potter será interpretada como si se tratara de una metáfora, en clave de culebrón kistch, sobre el paso del tiempo y los cambios del devenir.

Sin embargo, la cuarta película vuelve a caer en los errores de la primera. La estructuración es bastante correcta, como hemos dicho, subyace el motivo central (conspiración para resucitar a Voldemort) del cual las diversas subtramas son piezas constituyentes del mismo. Lo que falla es la articulación de las distintas tramas. El cáliz de fuego es una película dispersa e inconcreta a causa de la ausencia de unos conectores que permitan crear una sensación dramática de conjunto. En el transcurso de los minutos la obra se desgaja en piezas: las pesadillas de Harry y sus desavenencias con su amigo Ron, los flirteos de amor adolescente, las competiciones y las pruebas a superar, el conflicto entre los profesores y demás tics propios de la saga. El guionista, en este caso, ha querido desarrollar demasiada información y al final no consigue la necesaria cohesión entre todas las piezas. Y, específicamente, no consigue que ninguna de ellas sea interesante, a excepción de los últimos veinte minutos, en un total de ciento cincuenta. Cuánto metraje desaprovechado…

La principal rémora en el estilo y la identidad de la obra es la mediocre visualización del director Mike Newell, superflua y reiterativa. Sus planos cortos y su pésimo sentido del ritmo (en realidad, carece de ritmo visual) hacen difícil la distinción entre su película y cualquier telefilme de Disney. Y donde más se notan las carencias es en la escena cumbre -o la que debería haber sido escena cumbre -, el retorno de Voldemort. Por un lado, confirmamos que Voldemort es un malo descafeinado y con poca chicha, claro que con una ejecución tan mediocre poco jugo se le puede sacar. Es un problema de puesta en escena, ante todo.

En resumen, muy floja esta cuarta parte de las aventuras del joven mago, brilla solo por momentos y anécdotas esporádicas. Eso sí, el final siniestro abre muchas incógnitas que prometen grandes emociones para la próxima aventura. Estaremos al tanto.
publicado por José A. Peig el 17 julio, 2007

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