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Brad Bird ha conseguido con Ratatouille una película de matrícula de honor. Cine de 5 tenedores.

★★★★★ Excelente

Ratatouille

Ratatouille es para mí, sin lugar a dudas, la mejor película del verano hasta la fecha.

Así, a calzón quitao, empiezo esta crítica con el aparente riesgo de confrontar con la opinión de muchos de vosotros por escribir unas palabras tan rotundas.

Pero, amigos míos, no hay riesgo alguno por decir a corazón abierto que este filme es el segundo mejor del tándem Disney/Pixar, después de ‘Toy Story’; su elevada calidad se aprecia con evidente claridad con sólo gozar de los primeros 10 minutos de metraje.

Y lo más curioso de todo es que este largometraje no destaca exclusivamente por su aspecto técnico. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que nos maravillabamos con la casi perfección del moldeado digital de los personajes que nos enseñaban tan ilusionadamente estos magos de la animación.

Todo eso está superado, porque es tal la maestría con la que Pixar representa ya, y en este caso, a los protagonistas humanos y ratoniles, mezclando de forma soberbia realidad y caricatura, que nos olvidamos por completo que estamos ante una obra de arte animada y nos dejamos embaucar por algo valiosísimo que tiene la cinta: un guión absolutamente cautivador.

Que levante la mano el que vaya al cine sin desear que le emocionen con una historia conmovedora, ya sea porque contenga momentos de diversión a mansalva, con risas que revienten los tímpanos del público que haya en la sala, o con momentos enternecedores dignos de ser calmados con toneladas de clinex. ‘Ratatouille’ tiene de TODO eso, buscando más el lado sensible del espectador, de la misma forma que lo ha hecho siempre la Disney con sus eternos clásicos.

Y la causante principal de que quedemos rendidos ante este espectáculo es Remy, una rata con un don especial para la gastronomía que no es valorado por sus congéneres. Virtudes como la ternura, la humildad, la generosidad, pasando por situaciones de indefensión al ser perseguida como la mayor enemiga de todo restaurante pulcro que se precie, o por tener momentos de euforia manifiesta al sentirse una chef de primera, se representan con tanta emoción y entrega que no queda otro remedio que enamorarse perdidamente de ella. Es el típico personaje soñador y desvalido al que todos tomamos cariño en milésimas de segundo.

Todas sus peripecias están contadas con ese ingenio propio de Pixar que se había perdido incomprensiblemente en anteriores trabajos: su rocambolesca llegada al restaurante más importante de Paris, el Gusteau’s, que era regentado por el difunto Aguste Gusteau; la necesidad de esconderse dentro del gorro de Linguini, un friegaplatos que por diversas causalidades se convierte en la marioneta de Remy considerándole a él erróneamente los críticos como una revelación de la cocina, y así poder tener un medio para cocinar sin ser vista; el éxito que no puede disfrutar; o la prueba de fuego para levantar el restaurante, después de la muerte de su fundador y la nefasta gestión del nuevo chef Skinner: sorprender a Mr. Ego, el crítico gastronómico más famoso de Francia.

Todo fluye con completa armonía, entremezclando extraordinariamente esos momentos enternecedores y de diversión de los que os hablaba.

Cada uno de los personajes de esta fábula tiene una misión que cuadra perfectamente en la historia, pero cabe hacer una mención especial de Mr. Ego, profesional de la crítica culinaria que temería cualquier chef que tuviera el mayor número de estrellas Michelín. Implacable, de díficil satisfacción paladar, consigue poner nervioso al público con sus despiadados artículos de opinión.

Nunca había visto un villano tan temible cuya maldad se basara en la palabra. Un claro tirón de orejas a los críticos que con su ego pueden destrozar nuevos talentos, por muy raros (una rata) que sean.

Por eso un momento sublime de la película, del que no puedo hablar de manera extendida, es cuando en el punto crucial del metraje le ofrecen a Mr. Ego un plato muy simple llamado ‘Ratatouille’ para su degustación, y del que depende el reflote del restaurante. Ya lo comentaremos en el hilo de esta crítica, pero durante esos maravillosos 10 minutos finales se me pusieron los pelos de punta.

Hay escenas portentosas pero como esas últimas ninguna.

Por todo lo contado quedo completamente rendido a los pies de Brad Bird que, con su trabajo en la redacción del guión y en la dirección, y con ayuda del equipazo de élite de Disney/Pixar, ha conseguido una película de matrícula de honor. Cine de 5 tenedores.
publicado por Yul B. el 5 agosto, 2007

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