Nancy Meyers no cumple con la finalidad básica de las comedias románticas, pero sabe vencer la superficialidad inherente a las historias de este género.

★★★☆☆ Buena

The holiday

Nancy Meyers no cumple con la finalidad básica de las comedias románticas, que es enamorar, pero consigue emocionar contando dos historias que están repletas de referentes cinéfilos. Con ellas, además, sabe vencer la superficialidad inherente a las historias de este género, romper con numerosos tópicos establecidos, y crear una película con corazón, especialmente recomendada para quienes se encuentran en pleno proceso de “desenamoramiento”. ¿Existe eso?.

Las confidencias se hacen a medianoche, pero cualquier hora es la adecuada para confesar una adicción, la mía, a las comedias románticas. En base a ella, afirmo que el ochenta por ciento de las historias que componen tan dulzón universo en las últimas décadas, están cortadas por un patrón común: “ellas mienten y ellos perdonan”. Por Siempre Jamás, Sucedió en Manhattan, Nunca me han Besado… Una fórmula peligrosa, que hace que las incondicionales del género salgamos del cine con un terrible remordimiento de culpabilidad ajena y, lo que es peor, con una extraña sensación de falso enamoramiento. Evidentemente, nos hemos dejado seducir por seres inexistentes, con cualidades tales como la comprensión, la tolerancia y la sensatez, que son incompatibles con el género masculino.

La cosa cambia cuando el guión lo escribe una mujer. Los viejos tópicos se revisan y se rechazan y, en su defecto, las cuatro especies que componen la peculiar fauna que nos quita el sueño, son retratadas con precisión… y con objetividad. De esta manera, aparece el narcisista inseguro, que necesita enamorar a otras mujeres para mantener su propia autoestima; Peter Pan, incapaz de comprometerse en su puñetera vida, eterno intérprete de la canción de U2: “ni contigo, ni sin ti”; el señor servilleta, que despliega toda su ternura y su seducción hasta convencerte de que eres la mujer perfecta… para ser la madre de sus hijos; y el adicto al trabajo, un trabajo que, necesariamente, ha de ser tu afición favorita.

Es posible que alguien piense que lo único que se ha hecho es crear nuevos tópicos. Personalmente, creo que es inútil buscar en otras direcciones: esto es lo que hay.

En cualquier caso, Nancy Meyers sabe muy bien lo que está haciendo. Era un reto importante crear dos historias independientes dentro de una misma película, y ella ha superado la prueba, apoyándose en tres aspectos fundamentales: estructuras narrativas diferentes, continuas alusiones cinéfilas en ambos relatos, y un acierto pleno en la elección de las actrices protagonistas.

Detrás de una comedia, aparentemente, intrascendental, Vacaciones esconde un homenaje a los clásicos de los años treinta y cuarenta. Se aprecia en sus secuencias largas, en las teatrales puestas en escena de Cameron Diaz, al más puro estilo de Carole Lombard; en la recurrente “lucha de sexos” con su correspondiente discusión con bofetada, que tan bien explotara William Wellman; y en la delicadeza y elegancia heredadas del maestro Lubitsch, gran conocedor de la naturaleza femenina. Recordemos, por ejemplo, la enfermedad psicosomática de una de las protagonistas, y el hipo de Merle Oberon en Lo que Piensan las Mujeres, de 1.941.

Pero la directora va más allá, y crea dos estructuras narrativas diferentes, porque, en realidad, lo que está haciendo es contar dos historias que no se interrelacionan. Para ello, al tratar la aventura inglesa, recurre al ritmo de las comedias británicas, tranquilo y acogedor, presente en Cuatro Bodas y un Funeral y en Love Actually. Un ritmo que desaparece en las imágenes de Los Angeles, cuando intervienen los personajes americanos.

Son continuas las alusiones realizadas al firmamento cinematográfico de manera explícita, que incluyen un cameo de El Graduado, una lista de clásicos con protagonistas femeninas de armas tomar, y una broma sobre el color rojo que utiliza Scorsese. Además, Nancy se recreará en diversas escenas que han sido extraídas de películas como The Mexican (discusión entre Ethan y Amanda, ella en lo alto de un balcón), Titanic (la reacción que provoca el nombre de la protagonista en su partenaire masculino) o Breve Encuentro (la forma en la que se conocen Jack Black y Kate, con una “carbonilla” en el ojo). Unos aspectos que desatarán la nostalgia de los cinéfilos.

Kate Winslet y Cameron Diaz tienen un único punto en común: las dos han sido besadas por Leo DiCaprio…. y han podido contarlo. La directora sabe aprovechar el registro cómico de la primera y la vena dramática de Kate, que procede del teatro inglés; pero es consciente de que sería un error hacer que ambas compartieran escenas. La superioridad de la británica resulta más que evidente. Así, cada una en su sitio y sin ser mezcladas, consiguen emocionar y hacer reír, por separado.

Se echa de menos, sin embargo, alguna genialidad en el montaje. Habría sido conveniente alterar su linealidad absoluta, sólo interrumpida por la secuencia de los espagueti (que une los dos relatos), y por el plano del chapoteo en la bañera, que da paso a un charco.

En definitiva, una comedia romántica redonda, que anima a preparar unas vacaciones diferentes. ¿Cómo suena eso de “tú a Albacete y yo a Acapulco”?. Ni siquiera hay que preocuparse por el que duerme en tu habitación, recuérdese que Iris se deja al perro en Londres.
publicado por Bruji el 9 agosto, 2007

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.