“Ratatouille” es un hermoso canto a la tolerancia, a la comprensión y a la convivencia pacífica y creativa, con un final tan soberbio que pocas veces me ha dado tanta pena que se termine una película y se enciendan las luces del cine.

★★★★★ Excelente

Ratatouille

“Se crea por necesidad. Porque es una manera de entender la vida, de vivir y de expresarse. Como cocinero no entiendo mi trabajo sin investigar, sin indagar en ese espíritu inquieto que define al ser humano.”

Esto lo escribe Quique Dacosta, factotum de El Poblet, uno de los restaurantes más afamados de nuestro país y, por extensión, del mundo mundial. Pero, si le preguntaran, seguro que sus palabras serían suscritas por el mismísimo Gousteau, el célebre chef parisino con nombre de comandante submarino y anhelos gastronómico-revolucionarios.

Y, por supuesto, serían suscritas por Remy, la rata protagonista de esa obra maestra titulada “Ratatouille”. Y escribimos bien “rata” porque la protagonista de la última Pixarada no en un ratoncito bonito, un simpático Micky Mouse o un tierno hámster. No. La protagonista de esta película es una rata peluda, fea y repulsiva. Lo que demuestra que en Pixar no se andan con tonterías ni con medias tintas, que hay que tener las ideas muy claras y una confianza en sí mismos a prueba de bombas para tomar la arriesgadísima decisión de convertir a una rata de alcantarilla en la protagonista de una película.

Dicho lo cual, rindámonos de una vez a la maravillosa historia de “Ratatouille” y postrémonos de hinojos ante una película que es prodigiosa desde su arranque, al viejo estilo de los cartoons más salvajes –esa adorable viejecita asesina- a la secuencia de la huída de las ratas por los canales subterráneos, pura adrenalina desatada. Y, después, la ternura. Y el mensaje sobre la alteridad radical, sobre la reivindicación del otro, del que es distinto. Y sobre el valor, el reconocimiento, el amor por la labor bien hecha, el cariño por lo artesanal, la recuperación de la niñez, la solidaridad, la familia, el trabajo en equipo…

Es increíble todo lo que cuenta “Ratatouille”. Y, sobre todo, es increíble cómo lo cuenta. Es un prodigio narrativo. Y la capacidad para transmitir emociones. Y ese París, más real que el de verdad. Y esa cocina, esos guisos que prácticamente se pueden oler. Y esos secundarios. Y esos guiños. Y la perfecta combinación de humor, amor, amistad, pasión, ira, etc.

Y esas ratas. No olvidemos a esas ratas que corren, trepan, saltan y escalan. Unas ratas que, unas veces dan asco, otras veces provocan la risa. Y la ternura. Y, sobre todo, el respeto. El respeto por todos aquellos seres que siendo diferentes, están ahí. A nuestro lado. En el piso de al lado. En el bar en que desayunamos. En las calles por las que paseamos.

“Ratatouille” es un hermoso canto a la tolerancia, a la comprensión y a la convivencia pacífica y creativa, con un final tan soberbio que pocas veces me ha dado tanta pena que se termine una película y se enciendan las luces del cine.

La pregunta es, sencillamente, ¿cuando sale en DVD la edición para coleccionistas?

Lo peor:

publicado por Jesus Lens el 9 agosto, 2007
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