Tarantino coge un argumento delirante y le añade unos diálogos originales y personalísimos, unos planos preciosos, una imagen «»retro»» maravillosa, un protagonista fascinante, una banda sonora genial y unas mujeres que enamoran, sin hablar de las innu

★★★★☆ Muy Buena

Death Proof

Me pasó con «»Kill Bill»» y me ha vuelto a pasar con «»Death Proof»». He ido a ver las últimas películas de Tarantino convencida de que, en realidad, no me iban a gustar demasiado y al final me han encantado. De la de la novia vengadora no esperaba más que peleas y más peleas y resultó ser mucho más. O no, pero por lo menos estaba muy bien hecha. Ahora, con el conductor asesino, estaba lista para encontrarme con… Bueno, pues eso, con un conductor asesino. Pero no, eso es sólo una mínima parte de lo que esta mitad del proyecto Grindhouse ofrece.

Pasaremos por alto que ahora todos digamos «»Grindhouse»» como si fuese un término que hubiésemos estado usando durante toda la vida -sí, como cuando aprendimos a decir «»rebotica»» gracias a «»Farmacia de guardia»»-. A estas alturas ya todos sabemos que Quentin Tarantino y Robert Rodríguez se lanzaron a rodar dos trabajos en homenaje a las películas de serie B que en Estados Unidos se veían en sesión doble y que aquí en España nos las han puesto separadas, y yo no tengo mucho más que añadir al respecto. El caso es que, sin saber nada del género -como la mayoría de los que escriben estos días sobre él, no nos engañemos- «»Death Proof»» me ha parecido estupenda.

No he visto «»Planet Terror»» y estoy bastante segura de que estará muy por debajo. Mientras Tarantino es un gran director que se las apaña para coger cualquier cosa y sacar algo brillante, Robert Rodríguez parece, simplemente, un tipo con mucha suerte. En fin, supongo que en algún momento la veré y veré si estoy en lo cierto. De momento, me quedo con la del amigo Quentin.

El tío coge un argumento delirante y le añade unos diálogos originales y personalísimos, unos planos preciosos, una imagen «»retro»» maravillosa, un protagonista fascinante, una banda sonora genial y unas mujeres que enamoran, sin hablar de las innumerables referencias para delicia de los fans, de las que seguro que yo no pillé ni la mitad, y eso que me percaté de unas cuantas. Todo ello en dos partes muy diferenciadas -algo clave para que el metraje no se haga eterno-, de manera muy divertida y preocupándose, supongo, por mantener la fidelidad al género.

Lo cierto es que esto último es lo que menos me gustó. Yo habría podido prescindir perfectamente de la sangre, aunque la verdad es que no es ni una mínima parte de lo que esperarías después de los trailers y la promoción, y entiendo que es un elemento fundamental. Tampoco me emocionaron especialmente los falsos fallos de imagen y sonido, que resultaban demasiado obvios en una sala de cine «»último modelo»», pero no eran en absoluto tan excesivos como había leído en algunos sitios. Y, por último, me fastidió que un par de historias quedasen completamente interrumpidas y descolgadas, lo que deduzco que debe ser otro guiño a este tipo de películas, porque es algo exagerado. ¿Nadie más se quedó con ganas de volver a ver a la animadora o de saber a dónde conducen las sospechas del sheriff?

Mención especial merecen tanto los personajes como los actores -en realidad, las actrices- que los interpretan. Si Kurt Russell (Especialista Mike) borda a un psicópata seductor, cada una de las chicas se convierte en una heroína con una personalidad propia y una belleza única, de esas que realmente pueden volver loco a cualquiera. A Rosario Dawson, en concreto, voy a ponerla en un altar. Nunca ha estado tan guapa como aquí.

Estaba convencida de que nadie sería capaz de sacar algo decente de semejante historia de persecuciones y tías buenas. Ni siquiera creía que alguien pudiera mantener un planteamiento tan simple durante el tiempo que dura una película. Qué error. Tarantino lo hace, y de maravilla. Está claro que la fama no le ha llegado por casualidad.

Lo peor:

publicado por Marta el 9 septiembre, 2007
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