No sorprende en casi nada, pero tampoco aburre gracias a su chute de acción vertiginosa.

★★☆☆☆ Mediocre

La Jungla 40

El impacto del primer filme protagonizado por Bruce Willis como John McClane fue tal en España que la sustitución del título original inglés, Die Hard (‘Duro de Matar’), por el de La Jungla de Cristal se ha mantenido en las secuelas posteriores. Los términos ‘jungla’ o ‘cristal’ tenían cierto encaje en aquella cinta cuya acción se desarrollaba en los rascacielos Nakatomi, mientras que su presencia en los títulos de las continuaciones sólo obedece a una mera asociación con la exitosa cinta de John McTiernan. En cualquier caso, la perpetuación del título castellano del primer filme ejemplifica la indeleble impronta dejada por aquél.

Desde sus inicios, McClane contaba con muchos ingredientes para hacerse un hueco entre los más insignes héroes del cine de acción. Su nefasto don de la ubicuidad, su rudez y contundencia a la hora de deshacerse de los villanos o sus frases de ‘sobrao’ y chuleta le configuraban como un héroe atípico con facilidad para empatizar con el público. Conformen se sucedían las secuelas, el protagonismo de McClane crecía en detrimento de los argumentos de los filmes, claramente al servicio de la reedición de las acciones y rasgos típicos del policía neoyorquino.

En La Jungla 4.0 tampoco cambia esta deriva. McClane es presentado de nuevo como un buen poli con una vida privada hecha añicos. Divorciado y con una hija declarada en rebeldía, a nuestro protagonista no parece haberle servido de mucho su heroica hoja de servicios. Nada nuevo respecto a capítulos previos. Pero el público ya sabe que su instinto de poli veterano curtido en mil batallas tardará poco en hacerle resurgir. Y lo hace de la misma forma que en aventuras previas, cogiéndole de improviso las circunstancias más inoportunas.

Vuelve a enfrentarse a terroristas que, reivindicaciones políticas al margen, sólo persiguen llenarse los bolsillos a mano llena. Esto tampoco cambia respecto a entregas previas. Lógicamente, lo que sí cambian son los métodos de los villanos a los que ahora se enfrenta McClaine. El título castellano ya nos dice que sobre algo de ordenadores y bytes irá esta nueva propuesta de acción. Pero frente a los ‘hackers’ dominadores del ciberespacio no hay mejor remedio que la medicina habitual de McClaine: los mamporros a diestro y siniestro. La pistola de este duro poli doblega la sofisticación del terrorista parapetado en unas pantallas de ordenador con las que, sin embargo, es capaz de sembrar las mayores catástrofes.

En fin, que esta cuarta entrega dirigida por un mañoso de la técnica como Len Wiseman no sorprende en casi nada, pero tampoco aburre gracias a su chute de acción vertiginosa. Es lo mejor y lo peor que se puede decir de la cuarta entrega de esta franquicia de acción liderada por Bruce Willis.
Lo mejor: Las concatenación de secuencias de acción no deja espacio al bostezo.
Lo peor: Que la cinta parezca un remake de las andanzas previas de John McClane.
publicado por Matías Cobo el 10 septiembre, 2007

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