No se puede sacar la bandera gay y cuatro eslóganes de moda sobre la libertad sexual en medio de un producto cuyo humor consiste en halagar los instintos machistas del público menos exigente.

★☆☆☆☆ Pésima

Os declaro marido y marido

No es extraño que los homosexuales celebren un día del orgullo gay en vista de que los héteros celebramos los otros 364. El hétero proclama su alegría de ser hétero en la mitad de los chistes que hace, y, hasta hace poco, en sus instituciones. La idea de que todas las parejas posibles tienen derecho a unirse en santo matrimonio es tan seria como la idea de que todos los soldados tienen derecho a una condecoración aunque no vayan a la guerra. Sin embargo, los gays la defienden a capa y espada, y en España, Canadá, Bélgica, Sudáfrica o Países Bajos la han conquistado. Defender cosas como esta forma parte, según algunos, de la modernidad. Por eso ruedan películas para parecer modernos. Pero como no lo son, las motas de caspa caen por todas partes.

John Ford me parece un caso insólito. Ethan Edwards no es un ciudadano indignado contra el racismo de su país, es el propio Ford intentando lavarse sus trapos sucios en público. Por eso nos resulta más auténtico cuando dispara a los ojos de un indio muerto y le niega la entrada en el cielo que cuando acaba aceptando a su sobrina. La crítica del racismo nos resulta auténtica porque viene de un racista.

Un lío parecido, pero a nivel chavacano, es el que se hicieron los creadores de “Yo os declaro marido y marido” con el mundo de la homofobia. Adam Sandler es un bombero tan amigo de su amigo que está dispuesto a casarse con él para asegurar la pensión de sus hijos. El problema de Sandler es que no es gay, sino el hombre más salido del mundo. Algo parecido a un Andrés Pajares en Hollywood. En vez de mostrar su desmadre de testosterona con Adriana Vega, Nadiuska o Susana Estrada, Sandler tiene a Jessica Biel. La escena interminable en la que Jessica Biel le deja tocarle las tetas pensando que él es gay y él se regodea delante del público que sabe que no es gay es sin duda una de las condiciones que puso Adam Sandler en el contrato para producir la película. A falta de inspiración, fusilaron la idea de Alonso Millán en “No desearás al vecino del quinto”.

No se trata sólo de que la película no tenga gracia, que tiene poca; el problema es que tampoco tiene claro a quien va dirigida. No se puede sacar la bandera gay y cuatro eslóganes de moda sobre la libertad sexual en medio de un producto cuyo humor consiste en halagar los instintos machistas del público menos exigente.
publicado por Jose Contreras el 20 septiembre, 2007

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