En la Ciudad de Sylvia es un experimento fallido de mostrar al público la búsqueda que emprende un hombre por encontrar a una mujer, y durante el camino, ofrecer el corazón palpitante de una ciudad.

★☆☆☆☆ Pésima

En la ciudad de Sylvia

Hace escasamente un mes concluía la 64ª Mostra de Cine de Venecia, la mejor edición de la Biennale acaecida en muchos años. No hay nada como sentir el orgullo herido como para reaccionar y enderezar el rumbo. Desgraciadamente, muy poco cine español pudo verse en el festival, con honrosas excepciones, habiendo sólo una cinta patria en la Sección Oficial.

Dicho film era En la Ciudad de Sylvia, el nuevo trabajo de José Luis Guerín, cineasta que asombró y entusiasmó a muchos por su documental En Construcción. El director barcelonés vuelve a sus orígenes, a una historia de ficción, íntimamente ligada a la fisonomía de una gran ciudad, sus lugares y sus habitantes. Un chico (Xavier Lafitte) rememora el encuentro que tuvo con Sylvia hace seis años, y decide emprender su búsqueda en aquellos lugares que frecuentaba, Un día cree encontrarla, y comienza a seguirla. Hay que decir de antemano que En la Ciudad de Sylvia es un tipo de película que busca un público muy minoritario, y hay que ir a verla con la mente abierta, sin prejuicios ni ideas preconcibas.

Sin embargo, no son necesarios muchos minutos para que el espectador se sienta invadido por una terrible sensación, la del ¿aquí qué pinto yo? La cinta rezuma tanta pretenciosidad y pedantería que puede hasta con el más pintado. No es sólo que la completa escasez de diálogos sea molesta, es que Guerín se pasa casi la totalidad de los minutos intentando demostrar su gran manejo de la cámara con planos imposibles, al tiempo que pretende mostrar un reflejo certero de lo que sienten y viven los habitantes de una gran urbe. Ni siquiera cuenta con el apoyo que ofrecerían dos grandes interpretaciones, ya que Pilar López de Ayala se limita a estar, mientras que Xavier Lafitte resulta algo blando y muy poco creíble.

En la Ciudad de Sylvia es un experimento fallido de mostrar al público la búsqueda que emprende un hombre por encontrar a una mujer, y durante el camino, ofrecer el corazón palpitante de una ciudad. Sin embargo, sólo conseguirá que numerosos espectadores que acudan a ver algo distinto, huyan despavoridos en cuanto se enciendan las luces de la sala.

Lo mejor: Por decir algo, Pilar López de Ayala.
Lo peor: La pretenciosidad de José Luis Guerín.
publicado por Francisco Bellón el 25 septiembre, 2007

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