Una película que combina elementos propios de varios géneros cinematográficos diferentes, que van desde el suspense y el terror a la comedia, pasando de puntillas por el drama y un poquitín de terror.

★★★☆☆ Buena

El abominable doctor Phibes

Leyendo sobre uno de mis actores favoritos, el enorme Joseph Cotten, me encontré por casualidad con una película de 1971, El abominable doctor Phibes, que tan sólo había visto en una ocasión, hace muchísimos años, en el festival de cine Alcances de Cádiz, durante un monográfico de Vincent Price.

Con una estética a medio camino entre el cine y el cómic de héroes y villanos, este filme, dirigido por Robert Fuese, combina una variada gama de estilos y tendencias, ya que aunque básicamente es una película de suspense, podemos encontrar en ella varios guiños cómicos y una ambientación que en determinados momentos puede parecer un tanto grotesca, aunque hay que tener en cuenta que en aquellos años se jugaba mucho con el barroquismo figurativo, y lo sobrecargado era más o menos habitual.

Un aspecto que llama la atención es el de la caracterización de Vincent Price, que interpreta el papel de un médico terriblemente desfigurado por un accidente de tráfico, y que sólo puede hablar a través de unos altavoces que se conecta al cuello a través de un conector (como si fuera un walkman). Todo lo que rodea a este personaje es, por decirlo de alguna manera, la parte surrealista de la película, ya que se trata de un demente excéntrico que se hace ayudar por una mujer que siempre va vestida con trajes de plumas con capa, y que vive rodeado de muñecos que componen una fantasmal orquesta.

Joseph Cotten, por el contrario, es un médico que ayuda a la Policía a resolver una serie de asesinatos sin relación aparente, y como siempre, destila elegancia y capacidad interpretativa, aun sin ser éste uno de los papeles más afortunados del intérprete de El tercer hombre, entre otras muchas obras maestras.

Desde el punto de vista técnico, la película no es gran cosa, aunque resulta curioso ver los artilugios que utiliza el doctor Phibes para sus maldades. Lo mismo ocurre con el guión, que adolece de parones demasiado pesados en determinados momentos, con algunas escenas que se prolongan bastante más de lo debido.

En cualquier caso, es una película entretenida, impregnada de la nostalgia que causa ver a grandes intérpretes ya desaparecidos, y con el aliciente de visionar la presencia de elementos propios de la comedia, el suspense y el drama, dentro de una misma historia.

Lo mejor: La estética de Vincent Price y sus artilugios para hacer el mal.
Lo peor: Los parones que existen por momentos.

publicado por Oscar Cantero el 6 octubre, 2007

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