El videoarte y el culebrón cogidos de la mano. vale la pena acercarse a Héros perdonando los defectos y aplaudiendo la osadía y los cojones de decir: esto es lo que hay.

★★★★☆ Muy Buena

Héros

La película de Bruno Merle es como una maratón. Los instantes iniciales se corresponden a la ilusión y los nervios iniciales del atleta por la vertiginosa carrera que le espera. Tras esos frenéticos momentos de euforia, le siguen otros bastante predecibles, incluso anodinos, salpicados de acelerones bruscos en un trazado largo que hincha de kilos las piernas. Se tienen ganas de llegar a la meta. Y sin darse uno cuenta, llega la traca final, la llegada gloriosa a la meta, y la carrera ha acabado. El prometedor planteamiento y el absurdo y surrealista final no tienen desperdicio. Solamente por ello vale la pena ver esta película. Es un film arriesgado, repleto de “innovaciones” en el estilo, incluso con cambios en el formato de la película, pasando de digital a 35 mm.

El protagonista (Michaël Youn, conocido showman francés y ex de la Pataki, esa gran actriz) es un animador de público en platós de televisión de tres al cuarto, que preferiría ser guapo y famoso que gracioso, totalmente alienado y desprovisto de los mecanismos de defensa para evitar volverse loco. La pérdida del amor y el fallecimiento del padre son la gota que colma el vaso, y no se le ocurre otra cosa que secuestrar al cantante de moda, para establecer con él (e incluso con el propio director de la película, con el que conversa en varias ocasiones) una peculiar relación. Bruno Merle consigue a partes iguales que sintamos pena y asco por el personaje, que lo odiemos y lo veneremos por su atrevimiento. Pero lo curioso y realmente interesante de Héros es que es tan importante la plástica de la película, sus giros estilísticos, su experimentación, que la propia historia. Digamos que comparten protagonismo, van completamente a la par en la carrera por presentar algo decente al público, por lo que, si la historia no nos convence, también podemos imaginar que estamos en una exposición de videoarte en un museo.

Estas propuestas no suelen cuajar, pero esta vez el pastel llevaba la levadura suficiente como para no hundirse por completo. Más allá de la crítica velada al mass media y la bien lograda inocencia perversa que destila el protagonista, quizás sea ésta su mejor cualidad. Como contrapartida, decir que, si no eres fan de Michaël Youn (altamente improbable por estos lares), puede resultarte un tanto histriónico y sobreactuado, pero en esta película se lo podía permitir. De todas maneras, vale la pena acercarse a Héros perdonando los defectos y aplaudiendo la osadía y los cojones de decir: esto es lo que hay.

Lo peor:

publicado por Adrian Bravo el 8 octubre, 2007

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