Merece la pena mirarla con atención por la estructura tan sólida con que está construida.

★★★☆☆ Buena

Un plan brillante

Demi Moore es una ejecutiva de una distribuidora de diamantes que no asciende como se merece por el mero hecho de que es una mujer. Michael Caine trabaja en el servicio de limpieza de la empresa y tiene un plan para robar algunos diamantes y retirarse con cierto confort. El problema es que ella no está muy segura de querer colaborar en un robo. Estamos a principios de los años sesenta en un Londres triste y aburrido.

“Un plan brillante” no pasará a la historia por sus personajes acartonados y horrorosamente ideales, que acaso la cuelen de programa obligado en una sesión doble de algún colegio paulista, pero merece la pena mirarla con atención por la estructura tan sólida con que está construida.

Dice Aristóteles que para contar bien una historia hay que partirla en tres cachos. Hay que empezarla, hay que entrar en harina y hay que acabarla. Syd Field, uno de los teóricos de guión más conocidos, advirtió que si quería justificar sus jugosos honorarios de profesor de guiones tenía que añadir algo que no hubiera dicho Aristóteles. Así que se le ocurrió la idea de los dos “plot points”. Para contar una historia hacen falta dos giros, uno que sirva de bisagra entre el primer acto y el segundo (plot point 1, “pp1”) y otro entre el segundo acto y el tercero (plot point 2, “pp2”). Más adelante formuló otra idea que lo hace más digno de mención que la primera; se le ocurrió que hacía falta un climax justo en el centro del segundo acto al que llamó “midpoint”. De esa manera, la estructura ideal de un guión no sería la ternaria, sería cuaternaria, con el segundo acto dividido en dos. Algunos definen el midpoint como la catástrofe, el protagonista lo pierde todo. Otros lo llaman el punto de no retorno, el protagonista no puede dar marcha atrás. Demi Moore no puede ya denunciar al empleado de la limpieza, no puede apearse aunque quiera.

La estructura cuaternaria, con un climax central, es interesante porque permite que la sorpresa inesperada, ese vicio incansable de los guionistas contemporáneos, resulte tolerable. Cuando la sorpresa ocurre en el midpoint, la película funciona. Si no me creen, vayan a ver “Un plan brillante” y compárenla con la sorpresa de “Fight Club”, “El prestigio”, “Identity” etc..

Freud decía que el placer de un chiste es de naturaleza económica. Por el precio de escuchar una historia entendemos dos, la que nos cuentan y la que queda entre líneas. Algo parecido ocurre con un buen giro como el de esta película. Durante la primera mitad especulamos sobre una protagonista que no sabe si participar o no participar en un robo. Durante la segunda mitad de la película, después de la sorpresa monumental, descubrimos que todos los detalles del principio que parecían innecesarios cobran sentido desde una segunda lectura: la esposa enferma, la cloaca atascada, el histriónico representante de la compañía de seguros…

Las películas que llamo tramposas esperan al final, (al plot point 2) para darle la vuelta a la trama. De ese modo no consiguen crear una segunda lectura. El espectador no tiene tiempo de hacer una segunda lectura. El espectador sólo tiene tiempo de ver lo equivocado que estaba, y lo listo que es el director manipulando la información y sacando conejitos de su chistera. Pero no es lo mismo, uno no se queda con la sensación de haber visto dos historias por el precio de una, y, si lo mira friamente, descubre que ni siquiera tiene gracia.

publicado por Jose Contreras el 11 octubre, 2007

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