Es como si un David Lynch lobotomizado y un guionista con parálisis cerebral unieran sus fuerzas para realizar una de las películas más bizarras, refrescantes y absurdas que haya podido ver en mi vida.

★★★☆☆ Buena

It’s fine! Everything is fine!

Esto… como empiezo. Pues lo primero que diré es…inclasificable. Pero si me esfuerzo un poco, vamos a ver…podría decir que es como si un David Lynch lobotomizado y un guionista con parálisis cerebral (esto último no es ninguna broma, es la realidad) unieran sus fuerzas para realizar una de las películas más bizarras, refrescantes y absurdas que haya podido ver en mi vida. Luego dicen que no se proyecta cine porno en las salas comerciales. It’s fine, everything is fine tiene porno del hardcore, por si no fuera suficiente su historia para hacer poner el grito en el cielo a ciertos sectores de la sociedad o poner a prueba nuestra idea de donde acaba la imaginación y el riesgo y donde empieza el mal gusto (probablemente la mayoría se declinaría por el mal gusto).

Yo, aún no lo sé, y probablemente no lo sepa. Quizás hagan falta unos años, y tras su revisionado, os podré decir algo. Lo que sí se, es que Crispin Glover no es un tío normal. Tuve la suerte de ver la premiere de la peli en 35 mm en Sitges, presentada por el propio Glover, y sólo con eso me hubiese dado por satisfecho. Crispin, ataviado con un traje tipo “soy elegante con un toque mafioso”, melena planchadita y atusada que enmarcaba un rostro afilado y sudoroso fruto de los nervios, nos empezó a hablar de la película sin decir realmente nada. Su novia modelo, lo contemplaba con una sonrisa en los labios. Este chico sabe algo que nosotros no sabemos, y me da a mí que se ríe de nosotros. Su propuesta es totalmente friki, FRIKI en mayúsculas.

La película nos adentra en la mente perversa y calenturienta de un cincuentón aquejado de parálisis cerebral (el guionista de la película, Steven C. Stewart, que murió al cabo de un mes de terminar la película, y os puedo asegurar que muuy contento por haberla realizado), nos hace bucear en su obsesión por las mujeres de pelo largo y nos presenta un mundo en el que todos le entienden cuando habla (aunque apenas pueda balbucear palabras sin sentido) y le desean sexualmente. Los diálogos son, pues, interminables, y no llegamos nunca a entender lo que dice, sólo a través de las respuestas de sus amantes. Una vez que el susodicho se pasa por la piedra a todo tipo de mujeres (una viuda amargada, a una lolita hija de la primera, una prostituta…) las estrangula con su potente antebrazo y vuelta a empezar. Crispin Glover consigue para su film un look entre ochentero y atemporal asombroso, y la utilización de los colores es formidable. La película nos depara sorpresa final y nos hace entender que lo que parecía una sorna a las personas con problemas de movilidad y habla es realmente un homenaje. El director nos presenta un mundo en el que no es absurdo que una mujer despampanante desee fervientemente el cuerpo casi inanimado de un enfermo.

Sin darnos cuenta, la película transcurre y poco a poco dejamos que el absurdo inunde nuestras cabezas hasta casi no sentirnos extrañados por la situación. Creo que Crispin Glover es consciente de que transita por un mundo interior que no es el de la mayoría, y ésta es la prueba definitiva. Bueno, en realidad no, porque a ésta película le acompaña una precuela (What is it?) y una secuela, aún por rodar (It is mine). El malo de los Ángeles de Charlie y el amigo de las ratas en Willard está en forma. Se está convirtiendo en figura de culto del cine underground, y él lo sabe. Esperemos que tenga mecha para rato. Nosotros lo disfrutaremos (nosotros es minoría, claro).

publicado por Adrian Bravo el 23 octubre, 2007

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