Creo que la película es más valiosa si nos damos cuenta que a veces hace falta desnudar a las imágenes de contenido, ralentizar la acción para poder ver más allá de la vorágine y que los detalles microscópicos pasen a un primer plano.

★★★★☆ Muy Buena

Gerry

Podemos irnos de excursión y, entre las zarzas, encontrarnos con un pedrusco. A partir de aquí tenemos dos opciones. O bien pegarle una patada para apartarla del camino, sin pararnos a pensar en las consecuencias, o bien agacharnos, sostenerlo entre las manos, sentir las aristas punzantes y la aspereza de su superficie, volver a casa y abrir libros de geología para categorizarla. Incluso podemos guardarla en una vitrina y hacer de ella nuestro hobby y tesoro, nuestro perfecto y maravilloso pedrusco.

Para acercarse a Gerry, primera película de la trilogía sobre la muerte (junto con Elephant y Last Days), hay que saber de antemano de qué pie cojeamos, saber si somos de los que caminan por la selva con el machete por delante rebanando cañas de bambú o tenemos en mente convertirnos en entomólogos, zoólogos y observadores de la conducta de los primates. Si somos de los primeros, ver Gerry significará no ver nada en absoluto, o ver lo mínimo. Si somos de los segundos, Gerry se convertirá en más que una visión, diría yo en contemplación. El argumento no podría ser más simple: dos amigos (Matt Damon justo antes de perder la memoria en “El caso Bourne” y Casey Affleck) deciden realizar una excursión por el desierto.

Como el camino va a estar atestado de domingueros y deciden que lo suyo es el senderismo offroad, se desvían del camino prefijado buscando soledad y naturaleza salvaje. El problema es que no llevan ni brújula ni mapas de la zona, ni siquiera botas camperas o provisiones. Cuando se dan cuenta de que están perdidos y no pueden dar marcha atrás porque no han tomado precauciones ya es demasiado tarde para ellos. Y aquí termina el guión. Lo que ilustra perfectamente a qué nivel se puede desarrollar una idea, lo que muestra las infinitas aristas que tiene un pedrusco es que, lo que en los bosquejos originales del guión de Van Sant era tan solo una línea para describir una de las situaciones algo rocambolescas que se producen en la película, se convirtió en 20 páginas en la revisión que hizo Casey Affleck. Es cierto que hay planos interminables, podrían considerarse soporíferos o aburridos, rodados al estilo Gus Van Sant, pero en la austeridad y sencillez de las imágenes y en la visión de un desierto burlón y perverso que muestra sus dientes en progresión exponencial, se esconde todo una colección de gestos, interacciones, cambios de humor, asunciones de la realidad y bailes de miradas y locuras entre los dos protagonistas que, posiblemente por ser amigos en la vida real, se muestran completamente compenetrados. El diálogo es mínimo, pero no por ello básico o insustancial, aunque no siempre lo entendamos. Es más, creo que uno de los propósitos de la película es que no siempre entendamos por qué actúan como lo hacen o por qué dicen lo que dicen. Ahí no está la chispa.

Creo que la película es más valiosa si nos damos cuenta que a veces hace falta desnudar a las imágenes de contenido, hace falta ralentizar la acción para poder ver más allá de la vorágine y que los detalles microscópicos pasen a un primer plano. Al final del desierto no espera otra cosa que la muerte, y ésta no tiene prisa por clavarnos las garras. Todo a su tiempo, dice el señor de la guadaña.

Lo mejor: Si conectas con la peli, sabrás lo que significa ensimismamiento.
Lo peor: Que no te guste el ensimismamiento.

publicado por Adrian Bravo el 24 octubre, 2007

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