Cronenberg aborda cómo los tentaculares ambientes mafiosos impiden su abandono a quien un día formó parte de ellos o cómo se extiende a las vidas de quienes guarden alguna relación, si quiera colateral, con sus alrededores

★★★☆☆ Buena

Promesas del Este

Tanto Una historia de violencia como esta Promesas del este evidencian un manifiesto interés de David Cronenberg por los alrededores del violento mundo de la mafia. Las dos últimas cintas de este director de granado pasado en el género fantástico no ambicionan abordar estos clanes criminales con una carga de profundidad similar a emblemáticas obras como El Padrino. Pero sí los elige como marco para historias más concretas sobre personajes atrapados en la telaraña del hampa.

En complicidad con el espléndido trabajo del camaleónico Viggo Mortensen, protagonista de ambos filmes, el realizador canadiense aborda cómo estos tentaculares ambientes impiden su abandono a quien un día formó parte de ellos o cómo se extiende a las vidas de quienes guarden alguna relación, si quiera colateral, con sus alrededores. Al personaje de Naomi Watts, una comadrona de un hospital londinense, le ocurrirá esto último en Promesas del este. Después de traer al mundo al hijo de una adolescente ucraniana muerta tras el parto, ella, también de origen ruso, se halla en la obligación moral de dar con un familiar a quien encomendar el cuidado del recién nacido huérfano, al tiempo que le pueda comunicar la noticia de la muerte de la madre.

La pista de un diario en manos de la joven madre muerta conducirá a Anna Khitrova hasta una familia de la mafia rusa que usó a esta chica para la prostitución y luego la tiró como mercancía desechable tras haberla convertida en una yonqui. Allí se topará con el misterioso Nikolai Luzhin (el personaje de Mortensen), un chófer-recadero-matón al servicio del malcriado hijo del capo del clan (un gran Vincent Cassel). Su padre, encarnado con maestría por Armin Mueller-Stahl, representa la figura icónica del líder del clan familiar, así como la de de destacado capo entre las diversas familias mafiosas. En esta relación que padre e hijo mantienen durante todo el filme hay bastante de tópico cinematográfico en tanto que no resulta nada nueva en el cine la cortante tensión entre un estricto líder mafioso y su díscolo y poco ejemplar hijo.

Los hallazgos de Khitrova a través del diario le acercarán peligrosamente hasta ese mundo con reglas propias, alejadas por completo del otro que convenimos en llamar normal. Sólo un hombre parco, con aseado aspecto típico de mafioso ruso, le oficiará de brújula y de protección para no inmiscuirse más de lo debido. Nikolai, quien dice ser sólo un chófer, sabe mucho más de lo que cuenta y calla cuanto puede para sobrevivir en una comunidad donde las disputas suelen zanjarse con el cadáver del adversario vertido al río.

Sin ser una película de una violencia continua, sí aparecen en pantalla crudos actos violentos marca de la casa Cronenberg, a quien no suele dolerle en prendas el mostrar los más escabrosos detalles. La gélida fotografía de un Londres moderno y una buena elección general del reparto son otros de los avales de esta cinta de Cronenberg con senderos argumentales de parecido discurrir a los de su magnífica, y quizá superior, predecesora.

Lo mejor: La aproximación de Cronenberg a ese mundo, con reglas propias, a través de varios personajes inmiscuidos en él por diferentes circunstacias.
Lo peor: Uno le sabe a poca esta corta historia que parece cerrada a prisa con un final demasiado convencional para un filme que no lo había sido hasta ese instante.
publicado por Matías Cobo el 28 octubre, 2007

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