Ofrece la típica alquimia en la que se mezclan apariciones de ultratumba con tragedia pretérita que se inmiscuye en la contemporaneidad de los vivos.

★★★☆☆ Buena

El Orfanato

Que te den un susto es muy distinto a pasar miedo. Mientras que una sensación se circunscribe a la inmediatez del sobresalto, la otra accede de forma más profunda y perdurable a nuestra psique. Llevada esta obviedad a los terrenos del cine, una película puede asustar porque consiga concatenar varios sobresaltos con mayor o menor fortuna, pero lo verdaderamente difícil es aterrar, trasladar una sensación de angustia capaz de permanecer bastante tiempo después del visionado del filme. El exitoso debut de Juan Antonio Bayona en un largo lo ubicaría en el estante de las cintas de sustos. Siguiendo la estela de los referentes que han sostenido el género de terror en los últimos años, como algunas de las producciones niponas recicladas por los norteamericanos, El Orfanato no se aparta de las convenciones fijadas por filmes de perfil similar.

Se trata de la ya típica alquimia en la que se mezclan apariciones de ultratumba con tragedia pretérita que se inmiscuye en la contemporaneidad de los vivos. El tipo de películas que depositan gran parte de su éxito en la gran sorpresa final. Esa misma que los más malévolos espectadores amenazan con contar al amigo que aguarda en la cola de la taquilla para comprar su entrada. Si la sorpresa del epílogo está a la altura de la narración previa, y ofrece además la buscada carga emotiva, el resultado suele gustar. En mi caso, no sé si porque todo el conjunto me pareció perfectamente maquinado para llevarme hasta ese punto, no me pareció lo más destacable de esta buena opera prima.

Sin embargo, sí destacaría lo importante que es la existencia de cintas de este tipo entre nuestra industria. No sé me ocurre mejor camino que éste, el de un buen thriller o el de buena una peli de terror como es el caso, para lograr que nuestro cine supere las —a veces— injustas etiquetas del pasado y pueda, así, levantar cabeza y atraer al público con similar capacidad de convocatoria que industrias de mayor envergadura. Porque, aunque siempre he defendido desde este espacio que lo importante es el buen cine, venga de donde venga, tampoco he disimulado mi alegría cuando la calidad cinematográfica ha sido cocinada en casa.

Buena puesta en escena, cuidada estética y solventes movimientos de cámara avalan técnicamente esta cinta que, además, raya a una gran altura en el aspecto artístico, con un reparto encabezado por Belén Rueda, quien demuestra la próspera vida que también puede haber tras la más segura y acomodaticia televisión. En fin que, sin haberme deslumbrado como a muchos de quienes me la recomendaron fervorosamente, me gustó esta cinta bendecida desde sus comienzos con el oportuno respaldo de Guillermo del Toro.

Lo mejor: Ambientación y muchos de los aspectos técnicos.
Lo peor: Algunas situaciones que rozan la sensiblería cursi.
publicado por Matías Cobo el 3 noviembre, 2007

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