Una muy buena película que demuestra que el género negro y criminal es el mejor y más adecuado vehículo para filmar realismo social y hacerlo con emoción, pero sin sensiblería. Con ritmo, pero sin pirotecnia. Con talento. Con mucho talento.

★★★★☆ Muy Buena

Adiós pequeña, adiós

Mucho se ha hablado de las concomitancias que la trama de “Adiós, pequeña, adiós” tiene con la historia de los Mc Cann: una niña rubita que desaparece sin dejar rastro, la presión de los medios de comunicación, la actuación policial, etcétera, etcétera.

Y, sin embargo, una ver vista la estupenda película dirigida por el sorprendente Ben Affleck, la conversación posterior nos llevó hacia otros derroteros, que igualmente tienen que ver con los niños y con otras noticias de actualidad que van más allá de los Mc Cann y sobre las que no hablaremos, de momento, para no condicionar a nadie el visionado de “Adiós, pequeña, adiós”, originalmente titulada “Gone, baby, gone”.

Ben Affleck, que ya ganó en su momento el Óscar al mejor guión por su libreto sobre el indomable Will Hunting, se ha basado en una conocida novela del escritor Dennis Lehane para volver a teclear un soberbio puñado de páginas que nos cuentan una historia terrible, pero de una forma medida y ajustada al máximo.

Estamos en Boston. Una niña ha desaparecido. O ha sido secuestrada. Recuerdo que, cuando estudiaba inglés en el colegio, en el célebre libro de Arthur Newton, había un pasaje en que el atolondrado muchacho dejaba su coche en la calle y, cuando volvía a recogerlo, había desaparecido. El párrafo terminaba con un expresivo “It`s gone”. Recuerdo que yo lo traduje como “Se ha ido”, pero el profesor me reconvino. Había que traducirlo como “Se lo han llevado”.

Y es que, como la película se encarga de demostrar, no es lo mismo, un “gone” que otro. Sin embargo, desde muy pronto hay, tanto en la policía como en los padres, el convencimiento de que la niña ha sido secuestrada, por lo que la tía de la criatura contrata a una joven pareja de detectives locales para que investiguen por su cuenta, al margen de la policía, dado que conocen a toda la gente del barrio.

De esa forma, de garito en garito, de entrevista en entrevista, los dos detectives van pelando las distintas capas de la cebolla, hasta desembocar en un punto de no retorno. Y hasta ahí podemos contar porque el argumento funciona como un perfecto mecanismo de relojería, con quiebros y giros en la trama, tan inesperados y sorprendentes como, finalmente, lógicos y ajustados.

Bondades de la película: muchas. La ambientación hiperrealista de un Boston marginal, feo, desabrido y arrabalero. Los antros más cutres del mundo. Los tipejos más sucios y asociales del universo.

Los personajes, perfecta combinación entre principales y secundarios, con los siempre sobrios, creíbles y magnéticos Morgan Freeman y Ed Harris, llevan todo el peso de una película en que, si bien hay tiros, disparos, sangre y violencia, nunca hay acción, en el sentido a que estamos acostumbrados en las películas de Hollywood. Se trata de una violencia seca y descarnada, de la que duele.

Y está esa inmensa pena que fluye desde la pantalla. Una fotografía y un diseño de producción feístas, oscuros, turbios. Unos rostros pétreos. Unas conversaciones frías. Todo en “Adiós, pequeña, adiós” rezuma desesperanza, amargura y una inmensa sensación de sueños rotos, de derrota, de abandono.

Una muy buena película que, al estilo de “Seven” o de “Mystic river”- con la que “Adiós, pequeña, adiós” tanto comparte además de la paternidad de Dennis Lehane- demuestra que el género negro y criminal es el mejor y más adecuado vehículo para filmar realismo social y hacerlo con emoción, pero sin sensiblería. Con ritmo, pero sin pirotecnia. Con talento. Con mucho talento.

Lo mejor: La atmósfera de la película.
Lo peor: La desesperanza que transmite.

publicado por Jesus Lens el 16 noviembre, 2007

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