El guión es audaz, sorprendente, perfecto, pero es necesario un director de talento y en la cumbre de su inspiración para crear una obra tan redonda como ésta.

★★★★★ Excelente

Promesas del Este

Hace dos años David Cronenberg sorprendía a propios y extraños saliéndose, aparentemente, de su cine habitual y estrenando la que para muchos, entre los que me incluyo, era su mejor película hasta la fecha: “Una historia de violencia“.

Tras aquello me preguntaba si Cronenberg pensaba seguir apostando por ese tipo de cine o, como hizo David Lynch tras “Una historia verdadera” (su mejor película), iba a volver a un cine más cerrado que dejase felices a sus seguidores.

Afortunadamente para él y para todos, Cronenberg ha apostado por el primero de los caminos y nos ha regalado con “Promesas del Este” (Eastern Promises) otra maravilla que bien podría considerarse como parte de un díptico formado por ella y la mencionada “Una historia de violencia”.

Ya desde el comienzo la película da señales de grandeza. En tan sólo cinco minutos nos han presentado a los personajes principales, la situación que va a originar toda la historia y la ciudad en la que tiene lugar la acción; un Londres multicultural lleno de rincones sórdidos y lóbregos, más parecido al de Jack el destripador que al de las postales.

Cronenberg y su guionista, Steven Knight, nos introducen en el submundo que late bajo el Londres más conocido y nos muestran lo que sucede cuando restaurantes o peluquerías cierran sus puertas. Un mundo enrarecido e inquitante que encaja, en el fondo, con el Cronenberg de toda la vida, aunque muchos de sus fans no sepan darse cuenta.

Todo ello es posible en apenas 100 minutos por la concisión narrativa de un Cronenberg que está impecable y por la existencia de un guión perfecto que es un auténtico regalo para el director y para unos actores que, además, están en estado de gracia.

Vincent Cassel compone un desequilibrado temible y patético al tiempo que resulta, a mi juicio, la mejor interpretación de las que le he visto.

Armin Mueller-Stahl vuelve al lugar que se merece, y demuestra lo buen actor que es, al crear un personaje aterrador sin necesidad de aspavientos. Su sonrisa o la más sencilla de las preguntas saliendo de su boca (”¿un diario?”) le sirven para producir escalofríos en el espectador.

Naomi Watts está en su línea y se va convirtiendo poco a poco en una de las imprescindibles de nuestro tiempo.

Pero, por encima de todos ellos, me gustaría destacar a un Viggo Mortensen que demuestra que el prodigio que realizó en “Una historia de violencia” no fue fruto de la casualidad. Su actuación es memorable. Su simple forma de mirar o de moverse le hacen parecer temible o sensible según la ocasión y sin aparente esfuerzo. Una pena que festivales, críticos y muchos aficionados no sepan apreciar las actuaciones no histriónicas porque el actor se merece todo el reconocimiento del mundo.

Cronenberg vuelve a dejar claro que el mundo de la violencia y la irrupción de ésta en la vida de la gente corriente es un tema que le va como anillo al dedo y se adapta a la perfección a su forma de filmar. Por eso es capaz tanto de rodar una de las peleas más brutales e impactantes de la historia del cine (así como suena), como de rodar una escena cargada de una inmensa ternura nada sensiblera.

Bien es cierto que, como dije, el guión es audaz, sorprendente, perfecto, pero es necesario un director de talento y en la cumbre de su inspiración para crear una obra tan redonda como ésta.

Si encima viene Howard Shore y compone una banda sonora maravillosa, no se le puede pedir más a la función.

Valoración final: 10 sobre 10

publicado por Jeremy Fox el 19 noviembre, 2007

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