Mientras tipos como Michael Winterbotton filman excelentes películas, un director de la vieja guardia, pega tiros fallidos con pólvora mojada, cuando cuenta con todos los recursos y los medios para hacer buen cine de verdad.

★★☆☆☆ Mediocre

Leones por Corderos

Apenas habían transcurrido diez o quince minutos de la película cuando Sacai me susurró que la teníamos que haber visto antes de su examen de filosofía, en que le había tocado disertar acerca de si podríamos ser felices sin política.

Porque la más reciente película de ese liberalote sano y rubicundo que es Robert Redford va de eso precisamente, de lo importante que es la política y lo nefasto que es la deserción moral e intelectual que están haciendo nuestros jóvenes de hoy.

La película, como si de un episodio de “24” se tratara, acontece prácticamente en tiempo real. Una hora y media en la vida de un puñado de personas que, aparentemente no tienen nada que ver entre sí, pero cuyas historias están ligadas causalmente a través de una estructura muy al estilo de González Iñárritu.

Pero los parecidos entre “Babel” y estos “Leones por corderos” terminan ahí, en la voluntad estructural. Porque a la película de Redford le falta el aliento poético y la capacidad de sugerencia del cine del mexicano, para convertirse en un maniqueísta discurso de izquierdas tan moderado como bienintencionado… y poco emocionante, la verdad.

De los tres escenarios de la película, el bélico resulta inconsistente; el académico resulta, por momentos, hasta sonrojante y sólo la relación de atracción/fascinación/repulsión que se establece entre la veterana periodista de izquierdas interpretada por Meryl Streep y el prometedor político de derechas, Tom Cruise ofrece algún atractivo. Sólo en su entrevista/conversación hay un algo de tensión y emoción en una película blanda y meliflua, plana, de una frustrante obviedad.

La secuencia de guerra está tan cogida por los pelos que prácticamente sobra en su integridad. No provoca angustia, pena o emoción. Por mucho que los soldados desaparecidos sean dos buenos e idealistas muchachos, la historia bélica resulta intrascendente, máxime, al ponerla en relación con la conversación que el Redford profesoral y discursivo mantiene con su díscolo alumno.

Una película de tesis, sin fuerza ni gancho, que parece estar destinada a jóvenes estudiantes confusos y que, de tener más mordiente, podría servir, por ejemplo, para que el célebre Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, la utilizase a la hora de animar a jóvenes problemáticos a enderezar su vida y a salir de una abulia que no conduce a nada bueno.

Es una pena que, mientras tipos como Michael Winterbotton filman excelentes películas como “Camino a Guantánamo” o “Un corazón indomable”, un director de la vieja guardia, habitualmente comprometido con la izquierda militante norteamericana, pegue tiros fallidos con pólvora mojada, cuando cuenta con todos los recursos y los medios para hacer buen cine de verdad.

Y es que de buenas intenciones está el infierno lleno.
Lo mejor: El duelo entre Cruise y Streep. Hay química.
Lo peor: El maniqueísmo discursivo que sólo puede interesar a unos veinteañeros que no verán la película.
publicado por Jesus Lens el 4 diciembre, 2007

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