Fritz Lang aborda un tema espinoso y da que hablar a público, crítica y censores.

★★★☆☆ Buena

Perversidad

¿Es posible hacer dos películas con idénticos ingredientes y que ambas sean diferentes? Un año Fritz Lang había ofrecido una de sus obras maestras del período norteamericano, THE WOMAN IN THE WINDOW (La Mujer del Cuadro-1944), y al siguiente se propuso tomar sus mismos elementos para realizar una adaptación de la novela "La Chienne" (1931) de Georges De La Fouchardiere (que había sido llevada a la pantalla por Jean Renoir). Para ello arranca la historia con el tímido empleado bancario Chris Cross (Edward G. Robinson), que sale de una cena de compañeros de trabajo en la que el jefe le obsequia un reloj por 25 años de servicio y se topa con lo que parece ser una dama en apuros (Joan Bennett).

Por supuesto, el hombre maduro queda fascinado como un adolescente de la simpatía de la joven, que en verdad es novia de un malviviente callejero (Dan Duryea) que la besa y abofetea por igual (es su cafiolo). La situación poco después se convierte en tema de tango: Ella se muestra como complaciente y comienza a pedirle dinero, un departamento para vivir, le sustrae sus cuadros (Cross es pintor dominguero) y los vende. Nuevamente tenemos a un Robinson cándido, manipulado (y hasta vejado) por las circunstancias del destino pero en gran medida por los caprichos de la bella Joan Bennett (que también se convierte en "mujer de cuadro"). De nuevo el villano es Dan Duryea y otra vez tiene moño y sombrero de paja. Sin embargo, aquí terminan las equivalencias entre ambos filmes de Lang.

El tono de la película no es del todo serio (oportunamente un crimen termina con todo posible aire de comedia), y el rumbo de la historia es claramente trágico y realista (al contrario de La Mujer del Cuadro, que era alegre y onírico). Hay personajes secundarios memorables (el "marido finado del cuadro" parece preanunciar una situación común de la comedia italiana de los ’50), diálogos puntiagudos y climas pesadillescos y tensos propios del más sórdido melodrama alemán. Y también un hito, que consiste en ser la primera película en la que un crimen queda impune (lo que en su momento, sumado al modus operandii del mencionado asesinato, le valió a Lang diversos problemas con la censura). ¿Estará el director confesándose de un añejo crimen pasional? Si ese es el caso, después del caudal de temas, emociones y situaciones de ambos filmes, creemos que podemos darle el perdón.

Lo mejor: Esta fue la primera película en la que un crimen queda impune (aunque el culpable es mostrado como perturbado por la culpa).
publicado por Dario Lavia el 8 diciembre, 2007

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.