A pesar que todo está concentrado en el devenir de esta pieza de Agatha Christie, Wilder adereza la película con brillantes diálogos donde el humor se mezcla con la jerga de los abogados.

★★★★☆ Muy Buena

Testigo de cargo

“Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock” dijo Wilder y llevó a la pantalla grande su propio drama judicial. Sir Wilfrid Robarts es un viejo abogado achacoso cuyo instinto de zorro lo obliga a tomar el caso de Leonard Vole. Un inventor de poca monta culpado del asesinato de una anciana solitaria y rica, a quien frecuentaba por amistad.

A todas luces, la acusación parece injusta pero las circunstancias lo señalan como el primer sospechoso. Todo se complica cuando su esposa, la malvada Marlene Dietrich, declara en su contra. En pocas horas Robarts tiene que vérselas para salvar a su cliente de la horca. A pesar que todo está concentrado en el devenir de esta pieza de Agatha Christie, Wilder adereza la película con brillantes diálogos donde el humor se mezcla con la jerga de los abogados.

Construye un personaje redondo, Wilfrid Robarts, sumamente perspicaz aunque próximo a su infarto final, perseguido siempre por su enfermera de quien escapa para fumarse sus puros.

Lo peor:

publicado por Andrés Mego el 18 diciembre, 2007

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