Es esta una película, en definitiva, que disfrutará todo el mundo pero, será paladeada mucho más, por todo aquel que disfrute realmente con la música, por todos los que sean capaces simplemente de sentarse, cerrar los ojos y escuchar.

★★★★☆ Muy Buena

Once

Soy de esas personas a las que les gusta escuchar un disco en su conjunto. De vez en cuando, encuentras un LP que tiene un sentido propio tal y como está hecho, cuyo orden guarda una lógica y escuchado entero, de principio a fin, consigue transmitir un sentimiento, una idea o un estado de ánimo que no es capaz de dar, pongamos por caso, un disco recopilatorio. No sucede siempre, de hecho, son pocos los álbumes que guardo en mi memoria de esta forma, como un libro del que no debe leerse un capítulo suelto ya que, si lo hiciera, perdería una gran parte de su magia, pero cuando se encuentra una de estas obras, es casi seguro que se guardará con celo hasta que uno se queda sordo… e incluso más allá.

Viendo la película “Once”, tuve una sensación similar, ya que más que un film al uso, es más un buen disco al que se le han puesto imágenes para que se pueda seguir más fácilmente, o para complementar aquellos sentimientos a los que la música, por sí sola, es capaz de rozar pero le cuesta más remover. Un ejercicio que, de otra forma intentó Disney en la increíble “Fantasía”, aunque en aquella ocasión se intentaba al estilo de los discos recopilatorios. Tenemos, en este caso, música filmada con alma, con una historia que conmueve, divierte y emociona a partes iguales.

El grado de emoción que consigue transmitir la película es directamente proporcional a la franqueza con la que está rodada e interpretada y esto lo consigue, en gran medida, gracias a los actores principales, ambos músicos que ya habían colaborado juntos en algún disco. Glen Hansard y Markéta Irglová componen las canciones que sirven como hilo conductor por el que el argumento se va deslizando y ofrecen una interpretación sencilla que consigue provocar que nos identifiquemos con lo que están pasando desde el primer momento.

La historia es la de un músico callejero que interpreta durante el día canciones conocidas y, por la noche, canta sus propias composiciones que giran, casi todas, alrededor de un desengaño amoroso. Un día conoce a una vendedora de flores que se detiene a escuchar una canción y empiezan una relación amistosa en la que la música será su punto de unión.

La película habla de la música como parte integrante de nuestras vidas de una manera muy potente. Las imágenes de la guitarra del protagonista, vieja, rota, una guitarra que ha vivido y sufrido las canciones que salen de sus cuerdas, o cuando ella va a practicar con el piano a una tienda de música, probando cada día un teclado diferente mientras el dueño escucha complacido, o en la grabación del disco, cuando un técnico de sonido que ha visto demasiados malos grupos se sorprende con la calidad de lo que tiene delante. Todo lo que sucede, cada cambio, cada sentimiento, viene adelantado por un cambió de compás.

Es esta una película, en definitiva, que disfrutará todo el mundo por su cara amable, una historia que deja marcada una sonrisa en la cara y una banda sonora envidiable pero, será paladeada mucho más, por todo aquel que disfrute realmente con la música, por todos los que sean capaces simplemente de sentarse, cerrar los ojos y escuchar.

Lo mejor: Una banda sonora que sustenta la película de forma perfecta.
Lo peor: La pérdida de ritmo que puede suponer que la película sea llevada por canciones.
publicado por Heitor Pan el 21 diciembre, 2007

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