La estructura de calles y casas, la geometría de Haddonfield es el universo de Michael Myers, y la soberbia puesta en escena (crea la asfixia del suspense y el horror sin necesidad de recurrir al efectismo hemoglobínico ni al gesto grotesco) es la me

★★★★☆ Muy Buena

La noche de Halloween

Partiendo de la iconografía que popularmente identifica la festividad que da título al film, John Carpenter elabora un constructo del terror enraizado en un espacio y un tiempo cíclico; Michael Myers, personaje cuyo ambiguo universo psicológico deriva en el halo mítico que lo caracteriza – casi sobrenatural, viendo la conclusión del filme – y el cual constituye la mirada y el punto de vista esencial utilizado para explorar el mito y el folclore asociados, en este caso, a la localidad de Haddonfield.

El icono por excelencia – la imagen de la calabaza aproximándose desde el extremo de la pantalla – expresa la mitología popular asociada a lo siniestro y a la industria del morbo, perfectamente acompasada con las notas musicales (obra del propio Carpenter) constituyendo así uno de los créditos de inicio más inquietantes que se han visto. Situados en Haddonfield ,en la noche de los difuntos, el travelling y el posterior plano secuencia nos aproxima a la casa de los Myers para describir el juego sexual entre dos adolescentes, juego vigilado por el movimiento de una cámara subjetiva que viene a ser la conciencia del pequeño Michael, introduciendo así un motivo esencial en el relato que sutilmente dibuja el atormentado mundo interior del protagonista: el sexo y, quizá, la necesidad de afecto (lo cual podría traducirse en el odio misógino).

Un prólogo introspectivo que nos sumerge en la mente del homicida, y en el que juega un papel esencial el momento en el que Michael coloca la máscara sobre su rostro, y el sonido de la respiración se acentúa haciendo que la imagen del plano secuencia adquiera el valor subjetivo que predomina en gran parte de la representación, previamente al homicidio. Así es como queda sintetizado (en un solo movimiento de exploración y descripción de las sensaciones y del entorno) una psicología ambigua, unos motivos, un tiempo y un espacio sobre los que volver para completar el ciclo.

Quince años después, Laurie (Jamie Lee Curtis) es la chica inteligente y austera que personifica la antítesis respecto a la moda teen y a los primeros flirteos sexuales expresados en su grupo de amigas, el factor que motiva al homicida, desde la sombras del interior de un coche o desde la frialdad hierática a la luz del día en los extremos y ángulos de las calles de Haddonfield. La narración explora el folclore de ese mundo rural (espacio) en la fecha específica (tiempo), subrayando el mito del “hombre del saco”, motivo que sigue una progresión desde el ámbito del folclore, hasta la realidad materializada en la presencia de Michael Myers. De este modo, a la perspectiva del homicida (omnisciente, la conciencia que planea el crimen como un acto consumado) se adhiere la perspectiva de sus víctimas, en principio situadas en el contexto mitológico de una celebración pagana, para posteriormente enfrentarse a la amenaza real.

A medida que nos adentramos en la noche de Halloween, la fotografía de Dean Cundey dibuja los claroscuros y las sombras en las calles y los hogares, el escondite desde el cual el homicida vigila a sus víctimas. La estructura de calles y casas, la geometría de Haddonfield es el universo de Michael Myers, y la soberbia puesta en escena (crea la asfixia del suspense y el horror sin necesidad de recurrir al efectismo hemoglobínico ni al gesto grotesco) es la mejor expresión de los atributos que definen a Myers.

El doctor Loomis (Donald Pleasence) – personaje insustancial, limitado a articular un discurso innecesario sobre la maldad demoníaca de Myers – acude en ayuda de Laurie, la única fémina que ha sido capaz de perturbar los ataques letales del homicida, lo cual puede interpretarse como el potencial agresivo consecuente de la represión de los instintos sexuales (y la moralina del subtexto que ello conlleva). Myers sobrevive a los disparos del doctor Loomis y su perfil adquiere rango sobrenatural.

En la última secuencia, las imágenes de los interiores y los distintos espacios de Haddonfield acompañan la respiración del rostro enmascarado de Michael Myers que se extiende a todos los ámbitos de la geometría de Haddonfield. Myers es el alma de Haddonfield, un elemento sobrenatural y mítico, inmortal, que cíclicamente retorna al origen, como hemos visto en sus interminables secuelas.
publicado por José A. Peig el 8 enero, 2008

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.