La película es una gran mezcla entre cine futurista, cine negro y propuesta filosófica sobre los temas recurrentes de Dick, la existencia, la muerte, el destino… aunque, en mi simpleza, no soy capaz de verle tanta lectura como afirman sus fans.

★★★★☆ Muy Buena

Blade runner

Vaya por delante que no soy un mega fan del clásico de Ridley Scott, con trillones de visionados a mis espaldas, capaz de desmenuzar cada escena para sacar cada gota de filosofía que se pueda encontrar detrás de sus atractivas imágenes. Tan solo la había visto una vez, hace mucho tiempo (en esta misma galaxia) y los recuerdos que atesoraba cuando entré en el cine para ver esta última edición del perfeccionista director, eran erráticos y caprichosos. Escenas sueltas, algún diálogo, la banda sonora… y poco más. Así que se puede decir que me he enfrentado de una forma casi virgen (solo la puntita) a este lavado de cara de Blade Runner, por lo que no soy capaz de establecer diferencias significativas, más allá de la evidente ausencia de la voz en off que narra las aventuras de Deckard. Seguramente esto genera envidias en fans de la peli, pues ya me gustaría a mi que me borraran los recuerdos de películas como “Psicosis” o “El golpe” para enfrentarme a ellas por primera vez.

No creo que nadie necesite que le refresque el argumento, pero, por si acaso, ahí va un resumen. En un futuro oscuro y lluvioso, el ser humano ha conseguido avanzar de tal manera en la industria de la robótica y la ingeniería genética que se han conseguido fabricar seres que copian de una manera casi perfecta la anatomía y la mente humana, mejorándola en ciertos aspectos. Estos seres, llamados replicantes, son empleados en trabajos peligrosos. Tras ser declarados ilegales en nuestro planeta tras un motín, se crea un cuerpo de fuerzas especiales dedicados a “retirarlos”. Rick Deckard es uno de estos  Blade Runners, que tendrá que abandonar su retiro para localizar y retirar a tres replicantes particularmente brutales.

La película está basada en un relato del psicotrópico Philip K. Dick y es una gran mezcla entre cine futurista, cine negro y propuesta filosófica sobre los temas recurrentes de Dick, la existencia, la muerte, el destino… aunque, en mi simpleza, no soy capaz de verle tanta lectura como afirman sus fans. Lo que sí veo es una potencia visual impresionante, ayudada en gran parte por el raro y magnífico “score” de un Vangelis en absoluto estado de gracia, con piezas inolvidables e imperecederas.

No hay que olvidar que “Blade runner” apareció en las pantallas en 1982, es decir, un año antes que “El retorno del Jedi”. Si las comparamos (aberración, lo sé, permitidme la licencia) en cuanto a efectos especiales y potencia visual, “Blade Runner” ha envejecido de un modo mucho menos evidente. La impresionante secuencia inicial, con una ciudad oscura, sucia, con vehículos surcando el cielo en un caos ordenado, enormes chimeneas lanzando llamas a la cargada atmósfera o el acercamiento al palacio del creador, un inmenso ziggurat tecnológico, son escenas que hacen palidecer a muchas películas hechas hoy en día.

Otro aspecto tremendamente acertado es la mezcla entre la ambientación futurista y la del cine de gangsters de los años 30, como esa sala de policía que hace que retrocedamos de un plumazo a la época de James Cagney o Humphrey Bogart (el prota se llama Rick, igual que el personaje de “Bogie” en “Casablanca”), la persecución de una replicante entre el denso tráfico de la ciudad o el diseño de vestuario, que contrasta con los coches voladores o los paraguas con mango de sable laser. Todo un intento de ofrecernos una visión ajada de las cosas en un mundo mucho más adelantado, como si ya hubiésemos visto todo eso y no llegara a llamarnos la atención.

Una película inmortal, con escenas que se quedan adheridas a nuestra mente, como el enfrentamiento final entre Deckard y el replicante Roy Batty, el monólogo final, la prematura muerte del filosófico androide y el vuelo de la paloma, una serie de secuencias tan afortunadas que son capaces de elevar una película a un nivel superior, colocando al film, a pesar de un ritmo lento y, a mi modo de ver, en determinadas ocasiones demasiado parado, en un pedestal en el mundo de la ciencia ficción y en un modelo para mucho cine que llegó después.

Lo mejor: La fuerza visual y sonora de la película.
Lo peor: Algunos tramos demasiado lentos para mi gusto.
publicado por Heitor Pan el 11 enero, 2008

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