‘Los Crímenes de Oxford’ sirve para mostrarnos a un de la Iglesia menos crispado y espectacular, pero capaz siempre de sacar la mala leche hasta de una historia tan convencional.

★★★☆☆ Buena

Los Crímenes de Oxford

Vuelve Alex de la Iglesia, con una propuesta atípica en él: un thriller matemático. ‘Los Crímenes de Oxford’ es su regreso a la producción internacional, y demuestra que los presupuestos holgados y el cine de género no son un secreto para él. Estos crímenes sirven también para mostrarnos a un de la Iglesia menos crispado y espectacular, pero capaz siempre de sacar la mala leche hasta de una historia tan convencional, en el fondo.

Martin (un Elijah Wood demasiado "frodiano") viaja a Oxford para realizar su tesis de fin de carrera, con la esperanza de que el prestigioso matemáitco Arthur Seldom (magistral John Hurt) sea su tutor. La irrupción de un enigmático asesino en serie hará que Martin y Seldom pasen a ser colegas detectives en una carrera por descubrir el patrón de unos crímenes que parecen expresamente diseñados para retarles.

Arropado por su equipo habitual y apoyado en un potente reparto, Alex de la Iglesia nos regala una producción que se mueve con soltura por todos los lugares comunes del género, a veces quizá demasiado. Partiendo de la novela del argentino Guillermo Martínez, el director y Jorge Guerricaechevarría siguen las líneas del cine de detectives estándar, incluyendo un buen puñado de sospechosos, un policía inepto y las referencias a la teoría del caos, el número Pi, la proporción áurea o el principio de indeterminación de Heisenberg (Ah, las matemáticas, cuánto glamour añaden a una trama). Al final, como suele ser habitual, la ecuación se simplifica y se despeja de manera algo suave y tramposilla, pero eficaz. Otra buena muestra de que los directores españoles también saben hacer cine de cara al espectador medio, quiza sin demasiado brillo pero sin engañar ni ofender al público.

Y aun moviéndonos en terrenos convencionales, los mejores momentos de estos ‘Crímenes de Oxford’ son los ya habituales tics del de Bilbao, como los secundarios desquiciados y desquiciantes, los cadáveres esperpénticos o el momento "plano secuencia virtuoso", que en este caso logra enlazar de forma magnífica a todos los personajes clave de la película en un movimiento de cámara al más puro estilo "intro de los Simpsons".

En el capítulo de interpretaciones, un blandito Elijah Wood cede el peso de la película a esa enorme presencia que es John Hurt. En un papel pensado inicialmente para Michael Caine o Jeremy Irons, Hurt se recrea con un personaje cínico y pedante, empeñado en demostrar que la verdad no existe a través de palabras, gestos, miradas… el mismo de la Iglesia ha señalado que la esencia de la película se condensa en el rostro del actor británico, en su capacidad de comunicarnos que la única verdad es que la verdad al 100% no existe. Del resto del reparto destaca una estupenda Julie Cox, quedando Leonor Watling, Dominique Pinon y un histriónico Burn Gorman en un discreto segundo plano.

Y en el aspecto técnico, Kiko de la Rica consigue una estupenda factura visual (con momentos brillantes como el citado plano secuencia). La correcta dirección artística corre a cargo de Maria Chryssikos, y la música de Roque Baños alterna momentos brillantes con otros en los que subraya demasiado.

En resumen, balance positivo para la primera gran producción española del año. Quizá falta algo de fuerza en su resolución y quizá un protagonista con más garra habría dejado mejor sabor de boca, pero aún así Alex de la Iglesia de las apaña para satisfacer a los incondicionales del género detectivesco. Un 6’5.
Lo mejor: John Hurt, por encima de todo, y los detalles marca de la casa de Alex de la Iglesia.
Lo peor: Elijah Wood no se acaba de sacudir a Frodo de encima. El personaje de Leonor Watling no tiene mucho peso en la trama. Algún cabo suelto en el guión.
publicado por Plissken el 14 enero, 2008

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