Joe Wright no se limita a crear imágenes tan bonitas como superficiales (para-que-queden-bien), o a una mezcla barata de poesía y romanticismo de anuncio de perfume, sino que están repletas de sentido y contenido en este portentoso film.

★★★★☆ Muy Buena

Expiación: Más Alla de la Pasión

No he leído la novela del británico Ian McEwan, aunque haya sido calificada como una de las mejores obras de los últimos años, y (casi) imposible de adaptar al cine. En cambio, sí que he visto la pelicula de Joe Wright. Y se puede intuir que el material de partida no era fácilmente traducible a la gran pantalla; pero al mismo tiempo, hace preguntarse porque era tan difícil el adaptarla, porque el talento de Joe Wright logra que el resultado, apoyándose más en las imágenes que en los diálogos, sea extraordinariamente cinematográfico.

Hacer cine de qualité, con el sello british, y a la vez comercial puede acarrearle no pocos enemigos, y más con la desfachatez y descaro que intenta aunar Wright  los dos elementos. Pero uno no puede más que rendirse ante los resultados conseguidos. Una sola visión de la película no es suficiente para desentrañar ni la mitad de las virtudes y secretos de esa puesta en escena repleta de ideas visuales, y que además domina el montaje y los insertos de flashbacks a las mil maravillas.

De la luminosidad de su primer acto, al tono grisáceo del segundo y la oscuridad (con luz al final) del tercero, Expiación va desgranando varios temas: deseo, culpa, dolor, ética, capacidad de ficción e incluso la lujuria representada en ¡una tableta de chocolate!, en un hilo de situaciones enhebrado por una muchacha de doce años, Briony (Saoirse Ronan), alborotada por escenas, cartas y palabras que no sabe como interpretar y que causarán el conflicto que marcará a sus protagonistas.

También su hermana mayor, Cecilia (Keira Knightley), sea entregada a sus quehaceres e ilusiones, envuelta en ramos de flores, o bien ahogándose en sus tribulaciones y pensamientos en silencio, a la vez que exhala el humo de un cigarrillo, deviene otro ejemplo de retrato de personaje magnífico.

Exhibiendo una cantidad de recursos abrumadora, Joe Wright hasta se permite una curiosa coreografía durante la presentación de Briony a 18 años (Romola Garai), entre el resto de cuerpo de enfermeras de un hospital de guerra en Londres. Una Briony que, luego, comprobaremos que casi no es capaz de hablar, sino de apenas susurrar frases. O la traca final, con un memorable monólogo interpretado por la veterana y reputadísima Vanessa Redgrave.

Incluso en su tramo medio, el menos agradecido, situando a Robbie Turner (James McAvoy) en plena contienda de la II Guerra Mundial, en el frente francés, y punteado con un soberbio plano secuencia en la playa (marca Wright), donde el derrotado ejército inglés aguarda para volver a su isla; la fuerza de la narración, dejando que sea básicamente la imagen, y no las palabras, quienes transmitan, se antoja de lo mejor pese a que pueda conducir a la (falsa) idea que la historia principal, entre los tres protagonistas, ha quedado estancada. No menos genial es ese descarado plano detalle de una pantalla de cine que proyecta una escena entre dos amantes, y en medio de la cual la silueta de Robbie se debate entre la desesperación y la necesidad de retomar su vida, en un ejercicio de vampirismo cinematográfico inusual.

Unos pocos ejemplos con los que demostrar que Joe Wright no se limita a crear imágenes tan bonitas como superficiales (para-que-queden-bien), o a una mezcla barata de poesía y romanticismo de anuncio de perfume, sino que están repletas de sentido y contenido en este portentoso film de culpas y redenciones, y de capacidades de fabulación, en su doble filo: para bien o para mal.

publicado por Carles el 17 enero, 2008

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