Correcta película de Alex de la Iglesia, que aunque no cuenta con el sello personal del director, logra entretener y jugar con el espectador, sin llegar a tener un guión espectacular, lo más flojo de la película en su conjunto.

★★★☆☆ Buena

Los Crímenes de Oxford

Confieso que Álex de la Iglesia es uno de los escasos nombres del cine que es capaz de moverme a ver una película patria, y supongo que la causa principal es que el bilbaíno tiene claro que, por encima de otras muchas funciones loables, el cine es entretenimiento. Los crímenes de Oxford es fiel a ese principio, y bien que se agradece.

Martin (Elijah Wood) es un doctorando llegado desde Arizona a la mismísima Universidad de Oxford, en la cual espera que su tesis sea dirigida por el eminentísimo Arthur Seldom (John Hurt), un profesor de lógica un tanto descreído. A pesar de que pronto se dan cuenta que ambos tienen puntos de vista encontrados, no les quedará más remedio que unir sus brillantes mentes para descubrir quién es el asesino en serie que intenta captar la atención de Seldom mediante juegos matemáticos.

Se ha dicho por ahí que esta es la película menos personal de Álex de la Iglesia, y a decir verdad, aquí ni hay grandes secuencias de acción ni existe ese humor negro que suele impregnar la filmografía del director vasco. Es más, si de algo peca Los crímenes de Oxford es de necesitar largos discursos y diálogos en los que se pueda seguir el proceso lógico de los personajes, cosa nada sencilla, puesto que mezcla filosofía, lógica, matemáticas e incluso física cuántica, si bien en dosis lo suficientemente livianas como para no provocar daños cerebrales irreversibles a los que hayan sufrido la ESO. La mano dirigiendo de de la Iglesia tiene su parte de mérito en eso, también, como en dos magníficas secuencias (el falso plano secuencia que precede al primer crimen y el concierto de conmemoración de Guy Fawkes) que son sin duda lo mejor de la película.

Eso sí, a veces es un poco extraña la forma en la que los personajes interaccionan: Martin llega a una ciudad nueva donde no conoce a nadie, y a los 20 minutos, tras sólo intercambiar unas palabras con Beth (Julie Cox) y Lorna (Leonor Watling), ya tiene a las dos en el bote: ríase usted del efecto Axe. Por cierto, viendo el desastre que suele acontecer cuando un actor se dobla a sí mismo, es de agradecer que a Leonor Watling también la hayan doblado. Eso sí, todo lo demás que aparece en pantalla es suyo, y bien que se agradece, aunque su papel, sin duda es el más flojo de todos, sobre todo por lo mal perfilado que está. Evidentemente, John Hurt brilla con luz propia, y Elijah Wood también está bien, aunque esos ojos de muñeca de porcelana distraigan lo suyo.

Al final ocurre lo de siempre: giros, recontragiros y demás piruetas mortales para acabar con un final que, si bien dentro de la extraña lógica del filme no desentona demasiado, resulta tan complicado y tan improbable que uno se queda con la sensación de que le han escatimado algo por el camino. Eso sí, si el Sudoku se le queda corto, esta es su película.

publicado por Alberto Pérez el 22 enero, 2008

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