Uno de los títulos menos distinguidos de su soberbio director, aunque, como no podía ser de otra manera, exquisito y elegante.

★★★☆☆ Buena

Amor en la tarde

"En París viven felizmente un detective privado ya bastante mayor y su hija de diecinueve años, que toca el violoncello.
El padre está siguiendo las andanzas de una damisela que parece estar poniendo los cuernos a su marido. Y en efecto, se los pone con un apuesto estadounidense, ya adulto, muy rico y apuesto. Como el marido despechado desea matar al norteamericano, la muchacha le avisa, iniciándose entre ellos un idilio.

Él no sabe de ella ni cómo se llama ni quién es en realidad. Ella, para interesarle, le pone celoso haciéndole ver que tiene muchos amantes". Uno de los títulos menos distinguidos de su soberbio director, aunque, como no podía ser de otra manera, exquisito y elegante. Es la primera película con Wilder que guionizara el gran I.A.L. Diamond, que trabajó casi treinta años con el vienés.

Wilder logra darle una pátina de filme con clase, maravillosa fotografía en blanco y negro, narrando una historia un tanto escabrosa con mano de seda gracias a unos elaborados diálogos y unas enternecedoras interpretaciones. Sin embargo, le falla, contra todo pronósitco, el ritmo empleado y el personaje del protagonista masculino, interpretado con algo de desgana por un demasiado maduro Gary Cooper, que parece estar pasándoselo no muy bien con su papel. Pero la película va ganando conforme la historia se tuerce, merced a los celos del bon vivant.

Y es entonces cuando sale la maestría en la puesta en escena de Wilder, con un final sencillamente maravilloso que emociona y conmueve de veras. Hasta entonces, quitando sus primeros veinte minutos, muy buenos, es un pasar el rato con medianías y escenas presuntamente graciosas, pero que sólo se quedan en simpáticas, como el del cuarteto zíngaro (verdaderamente zíngaro, pues Wilder les contrató al verles tocar en un café parisino) bebiendo y emborrachándose, y yéndose más tarde a la sauna acompañando al protagonista. Lo cierto es que es entrañable, sí, pero poco divertido.

En definitiva, una película creo que menor dentro de la filmografía de Wilder, que expone cómo la virtud y la inocencia gana al vicio y el mal vivir.

Lo mejor: Su simpatía, Audrey Hepburn y su maravilloso final, muy muy emotivo.
Lo peor: El irregular humor.
publicado por Iñaki Bilbao el 25 enero, 2008

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