Aquel que vaya a ver “Los crímenes de Oxford” olvidándose de quién es el director, dispuesto tan solo a dejarse llevar por el juego, disfrutará un Cluedo de primera categoría, con giros sorprendentes y personajes deliciosos.

★★★★☆ Muy Buena

Los Crímenes de Oxford

“El crimen perfecto no es aquel que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un falso culpable”.

El gran (en varios sentidos) Alex de la Iglesia cambia de registro, de temática y de país para servirnos un producto de puro entretenimiento, al estilo de las novelas de Dan Brown, con un extraño crimen relacionado con las matemáticas, unos cuantos sospechosos bastante freaks y unos diálogos cargados de teorías conspirativas, visiones pseudo-filosóficas y pinceladas de humor marca de la casa.

Martin (Elijah Word) es un brillante estudiante de matemáticas que vuela desde América hasta Londres para que el profesor Seldom (John Hurt), una reconocida eminencia, supervise su doctorado. Aunque en un primer momento, sus diferentes visiones sobre la ciencia y la vida los separarán, el asesinato de la casera de Martin, amiga íntima de Seldom, los unirán en la búsqueda del culpable.

Las sucesivas muertes y unas notas dejadas por el asesino con evidentes connotaciones matemáticas, parecen relacionar al viejo profesor en los crímenes, iniciándose una batalla intelectual entre el perseguido y sus captores.

Las diferentes visiones de la realidad de los dos protagonistas, convierten la trama en un juego dialéctico en el que cada uno intenta convencer al otro de sus ideas. La visión romántica e idealista de Martin, que cree que existen ideas absolutas, verdades universales inmutables a partir de las cuales se puede comprender tanto la naturaleza como el comportamiento humano choca frontalmente contra el cinismo del profesor Seldom, convencido de que al final el azar es una de las bases de la vida, de la que jamás te puedes fiar ni llegar a analizar. ¿Puede el aleteo de una mariposa provocar un huracán en la otra parte del mundo?

La película me mantuvo casi sin pestañear durante toda su duración, unas veces por los rápidos diálogos, con réplicas y contrarréplicas enlazadas, otras por tratar de descubrir con las pistas que de la Iglesia va dejando, quién ha cometido el asesinato y otras pocas, por la contundente belleza de Leonor Watling, que deja para la posteridad una escena en delantal que pasa a mi galería de fetiches de por vida.

Alex de la Iglesia pone un punto de ruptura a su cinematografía, prescindiendo de casi todos sus tics característicos para servir una película más académica, por decirlo de alguna forma. Para mí esto no supone ni mucho menos un paso atrás o una traición hacia su cine, sino una búsqueda de nuevas formas, de nuevos retos, de nuevas imágenes.

Además, “Los crímenes de Oxford” le sirve a de la Iglesia para algunas proezas a nivel técnico, como el falso plano secuencia (usease, un plano largo, en apariencia sin cortes de secuencia) que me recordó a cómo está rodada “La soga”, de Alfred Hitchcock, en la que el director presenta a los personajes relacionados en una maravillosa coreografía.

Quizá el único momento en la que la película chirría es en las relaciones de Martin con los personajes femeninos, demasiado apuradas, quizá en un intento de no distraer la atención sobre la trama central y de no alargar el metraje de forma innecesaria en una obra que es puro entretenimiento, sin más pretensiones.

De todas formas, aquel que vaya a ver “Los crímenes de Oxford” olvidándose de quién es el director, dispuesto tan solo a dejarse llevar por el juego, disfrutará un Cluedo de primera categoría, con giros sorprendentes y personajes deliciosos. ¿Quién se apunta a resolver el misterio?

Lo mejor: El juego planteado en una trama de puro entretenimiento, que hizo que no despegara los ojos de la pantalla.
Lo peor: Los personajes femeninos y sus relaciones con el protagonista, quizá poco dibujados.
publicado por Heitor Pan el 27 enero, 2008

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