muchocine opiniones de cinedesde 2005

Aunque me apasionen este tipo de historias y películas, no quita que Penn vaya en busca de una desorbitada grandilocuencia mediante el uso de su cámara consiguiendo crear una entromisión subrayada e innecesaria con la realidad filmada.

★★★☆☆ Buena

Hacia rutas salvajes

Uno, tras visionar el último film de Sean Penn, irremediablemente le viene a la memoria un simpático y, en general, desconocido film de James B. Clark, titulado por estos lares como “El muchacho y su montaña” (1969), basado en la obra de Jean Craighead George (1), la cual trataba de un niño que huye de la vida acomodada que conoce para pasar un verano (y alguna que otra estación más) en las montañas viviendo de lo que la naturaleza le otorgue, acompañado de la literatura del maestro Thoreau y consiguiendo alimento mediante el cuidado de algas y la caza proporcionada por el buen hacer de su halcón peregrino.

Hacía rutas salvajes” sería la hermana mayor (y seria) de “Un muchacho en la montaña“, pues mientras en el film de B. Clark, no había pretenciosidad alguna (aunque fuera todo un poco Disney y edulcorado), en la cinta de Penn, hay un cierto exceso, y no solo de metraje.

Bien podríamos decir que Penn comete el mismo error, aunque no a igual nivel, que su buen amigo mexicano Alejandro González Iñarritu que tanto “queremos” en esta web: la búsqueda de una desorbitada grandilocuencia mediante el uso de su cámara consiguiendo crear una entromisión subrayada e innecesaria con la realidad filmada.

Existe una voluntad clara de entrometerse visualmente a lo contado. Y Penn, para contarnos la historia (y hacerse notar como cineasta) interfiere en el apartado formal con mecanismos de dudoso gusto y efectividad como el abuso de planos aéreos, rotatorios (todo un tópico en este tipo de historias) y de cámara lenta. No obstante, la utilización de pantallas partidas me resulta acertada, no así, las letras en pantalla que afean el conjunto y suponen un mecanismo muy poco sutil para describir que se trata de un diario.

Como ocurría en “Babel” de nuestro “apreciado” Iñarritu, Penn busca postales imposibles, filma el cielo, busca planos rebuscadísimos y en definitiva parece intentar decir: “Ey, mirad que bueno que soy!” o algo así como “Soy indie y me mola serlo“, pero a diferencia de la cinta multilingüe del mexicano, en ésta si que hay un sentido en mostrar los paisajes y su espectacularidad, es decir, que algo menos de culpa si tiene el hombre, puesto que la naturaleza es un personaje más.

Por supuesto, Penn no ha tenido la sutileza que tiene Malick en cómo mostrar la naturaleza.

Otro aspecto negativo -muy de moda hoy en día-, y que comparte por desgracia con las obras de Iñarritu, es el montaje acronológico injustificado, pues la novela es totalmente lineal.

Como adaptación de la novela homónima de Krakahuer, decir que es bastante aceptable y decente, además de fiel. Aunque, para un servidor, lo más destacable de la cinta sean la notable fotografía de Eric Gautier, habitual primer operador de Olivier Assayas, la excepcional soundtrack de Eddie Vedder de los Pearl Jam y las notables interpretaciones de Emile Hirsch, el cual lleva todo el peso de la película, y Hal Holbrook, con una breve pero memorable aportación.

Aunque “Hacia rutas salvajes” contenga elecciones en lo cinematográfico que no me acaben de convencer, personalmente y por razones que se escapan a la razón, me encantan las road-movies de personajes solitarios con una superación personal y con retos, y ésta no iba a ser menos. Y es que el film de Penn posee un final de una belleza y un mensaje tan desgarrador como cierto. La vida es imprevisible, toda supervivencia requiere preparación y estudio exhaustivo previo (cosa que el protagonista carecía claramente de ella), pero sobre todo, y lo más importante, es que hay que aceptarse a uno mismo como quien es. Sus ideales eran apasionantes e ilusionantes, pero utópicos. Al menos, tuvo valor para probarlo.

Pero aunque me apasionen este tipo de historias y películas, no quita lo dicho ya anteriormente, Penn va a la búsqueda de una desorbitada grandilocuencia mediante el uso de su cámara consiguiendo crear una entromisión subrayada e innecesaria con la realidad filmada, y eso quita muchos enteros al film.


(1) Autor que no solo escribiría la novela que daría pie a “El muchacho y su montaña” titulada “My side of the mountain“, sino también una especie de segunda parte llamada “On the Far Side of the Mountain“, no adaptada para cine.

Lo mejor: Las actuaciones de Emile Hirsch y Hal Holbrook. La fotografía de Eric Gautier. La banda sonora de Eddie Vedder. La belleza y la paz que se respira en el film. la adaptación de la novela. El mensaje final.
Lo peor: El excesivamente marcado tono indie. La entromisión de Penn en la realidad filmada. El montaje acronológico injustificado. Exceso de metraje.
publicado por Javier G. Pasamón el 28 enero, 2008

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