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Son tantas las virtudes de ‘Sweeney Todd’ que el resultado es un espectacular musical que nos devuelve al Burton más salvaje desde los noventa.

★★★★☆ Muy Buena

Sweeney Todd

Cuentan por ahí que Tim Burton llevaba mucho tiempo detrás de adaptar el musical más macabro de Stephen Sondheim, ‘Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street’, y visto el resultado uno no puede negar que la espera ha merecido la pena. Sobre todo para el propio director, que pone toda la carne en el asador para firmar su película más bruta desde su ya brutísima ‘Mars Attacks!’.

La historia es fiel al musical casi a pies juntillas: Benjamin Barker, antaño un iluso barbero, vuelve a su Londres natal tras quince años encerrado por un crimen que no cometió bajo una nueva identidad: Sweeney Todd. Al volver a su vieja barbería, descubre que todo lo que tenía le ha sido arrebatado, y maquina una venganza contra el corrupto juez que originó su desgracia. Con la ayuda de Nellie Lovett, una oscura panadera, y de sus navajas de afeitar de plata, Sweeney Todd desencadenará una orgía de sangre que se volverá más y más despiadada, alcanzando a culpables e inocentes por igual.

Con ‘Sweeney Todd’, Tim Burton demuestra que es uno de los pocos directores de Hollywood capaz de dejar a un lado las tibiezas y convenciones morales o familiares que dominan el cine americano actual. La obra original ya era un ejemplo de cómo la maldad, el cinismo y la amoralidad campan a sus anchas por la sociedad moderna, pero lo complicado era llevar ese feeling de podredumbre a la gran pantalla en tiempos de corrección política y autocensura. El pequeño milagro lo ha obrado el director californiano, que se lo habrá pasado en grande filmando las degollinas del desquiciado barbero diabólico y su repulsiva cómplice.

Y hablando de cómplices: si John Carpenter tiene a Kurt Russell, Tim Burton tiene a Johnny Depp. Su álter ego en pantalla desde los tiempos de ‘Eduardo Manostijeras’ se encuentra a sus anchas interpretando brillantemente a Sweeney Todd, con su obsesión a cuestas. Un nuevo freak que añadir a su larga lista, con la salvedad de que éste puede ser el que le sirva en bandeja el Oscar que lleva persiguiendo toda su carrera. Y junto a Depp se encuentra Helena Bonham Carter, que da la réplica perfectamente a Depp con una señora Lovett en la fina línea que separa el amor incondicional del asesinato en masa (de pan). También destacan Alan Rickman y Timothy Spall como los villanos de la función, y un irreconocible Sacha Baron Cohen y un jovencísimo Ed Sanders apuntalan con eficacia el altísimo nivel de la adaptación.

Cerrando el capítulo de halagos, destaca (una vez más en el cine de Burton) la ambientación tétrica y opresiva del Londres decimonónico a cargo del legendario Dante Ferretti y la lúgubre fotografía de Dariusz Wolski (vean sus historiales y me dicen si Tim Burton no elige bien a sus colaboradores). Todos los elementos se suman a la música original de Sondheim, y el resultado es un espectáculo de lujo a todos los niveles.

Pero no todo en ‘Sweeney Todd’ funciona. El gran problema a la hora de adaptar un musical al cine consiste en medir correctamente el porcentaje de "musicalidad" que tendrá la película, y en este caso Tim Burton ha pecado de ser excesivamente fiel al original. Hacía mucho tiempo que no veía un musical TAN musical (fácilmente el 90% de la función es cantada), y aunque la mayoría de los números son brillantes y quedan perfectamente engarzados en la trama, hay momentos en los que es inevitable sentirse fuera del espíritu siniestro y gamberro de la misma. Llaman en especial la atención los momentos en los que aparecen la otra pareja protagonista de la historia, que en el musical deben cumplir la función de "momentos líricos" y de contrapeso a las negras andanzas de Todd, pero que en la película aparecen como tiempos muertos que, para colmo, resultan hasta irrelevantes para la trama principal.

Aún así, son tantas las virtudes de ‘Sweeney Todd’ que el resultado es un espectacular musical que nos devuelve al Burton más salvaje desde los noventa. Lástima de la insípida pareja coprotagonista. Un 8’5.
Lo mejor: La pareja protagonista. El espectacular tratamiento visual, a todos los niveles. El número de la epifanía de Todd.
Lo peor: La pareja coprotagonista. El tratamiento de musical hardcore, que en la gran pantalla puede cansar. La canción del pajarito.
publicado por Plissken el 31 enero, 2008

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