Ya que está probado el éxito del carnet por puntos, deberían trasladar este concepto a otras áreas, como la del cine. Triste, triste, que una película así se lleve a cabo.

★☆☆☆☆ Pésima

H6 Diario de un asesino

Ya que está probado el éxito del carnet por puntos, deberían trasladar este concepto a otras áreas, como la del cine. Ya que está visto que cualquiera puede llegar con un guión o lo que sea bajo el brazo, acceder incluso a una ayuda del ICAA (previa recomendación de algún amiguete) y dirigir una película, qué menos que al que perpetre una chapuza quitarle unos cuantos puntos, y no dejarle dirigir dos castañas seguidas. Y si lo hace, apartarle de la circulación. Cinematográficamente hablando, claro.

Todo este delirio viene al hilo de ‘H6: diario de un asesino’, la ópera prima del joven artista mallorquín Martín Garrido Barón, quien como en la propia web de la película se indica, "Con tan sólo 9 años empezó a pintar, y a los 17 ya expuso su primera obra en una galería, lo que le convierte casi en un prodigio de la imagen".

Viva la humildad.

‘H6: diario de un asesino’ se estrenó con un conato de polémica al renegar el amigo Garrido del montaje final del film, echando pestes de los productores por no haber incluído los 45 minutos largos de testimonios de doctores, carceleros y vaya usted a saber qué más acerca del personaje protagonista. Desde aquí agradezco a los productores en cuestión que me evitaran 45 minutos más de suplicio, porque la película dura 90 interminables, sosos, absurdos, trillados y a ratos desternillantes minutos, más que suficiente para hacerse una idea de lo prodigioso del colega Garrido.

El argumento es sencillo: Antonio Frau (hilarante Fernando Acaso) mata a su novia y pasa catorce años en prisión, tras los cuales se casa con una mujer florero, hereda la pensión de su tía Encarna (demencial la escena que dedica a recibir la herencia de su abogado) y comienza a hacer la obra para la que ha sido "elegido" por un "ser superior" (¿Florentino Pérez?): secuestrar, violar y descuartizar prostitutas, dejando todo recogido en un minucioso diario, tal y como hizo a principios del siglo XX su ídolo, Henry Landrú.

SPOILERS (como si alguien la fuese a ver)

El primer problema es el guión, perpetrado por Martín Garrido, Sr. Partiendo de un personaje que maltrata y mata a su pareja a los tres minutos de metraje, salta a ese mismo personaje catorce años después, convertido en un psicópata que, se dice a sí mismo en la voz en off, está llamado a ser "el Elegido" para purificar y sacrificar a unas cuantas mujeres de vida disoluta. ¿Alguien dijo "desarrollo del personaje"? ¿Para qué, si ya has mostrado que era un asesino a los 28 años?

Después lo hace pasar, una y otra vez, por la misma situación: atraigo a alguien, le doy de comer, lo mato. Invariablemente, todas sus víctimas pasan por ese modus operandi. A la tercera cena íntima te entra la risa floja.

Pero hay más: lo casa con una jamona (risible Mª José Bausá) de 35 tacos que lleva años tirándose a un médico casado, y que por salir de casa de sus padres está dispuesta a casarse con el elemento este al salir del talego. La jamona también habla en voz en off, tiene tres escenas de cama y no la matan. Convive en la pensión con su marido y las prostitutas torturadas sin enterarse nunca de nada, y su mejor frase en la película es:

– Esta pensión me pone mala del sistema nervioso.


Más cosas: a la hora de película, aparece un inspector de policía (interpretado, es un decir, por el mismísimo Martín Garrido, Sr.) del que no sabíamos nada, que también habla en "off" y descubre al asesino gracias a un billete de avión de la primera víctima de Fernando Acaso (absurdo Alejo Sauras, dura tres minutos y dice seis frases). El "caso" se resuelve al primer registro que hacen en la pensión, toma ya mente criminal.

Y para terminar con el guión: el asesino, al final, resulta que había ideado un plan para convertirse en un psycho-killer superstar, forrarse con las ganancias de los derechos de su diario (a medias con la jamona de su esposa) y largarse a Venezuela en cuanto le soltaran del manicomio. ¡Lo del elegido era una patraña! ¡Cuando hablaba en "off" consigo mismo, se estaba autoengañando! Un giro de guión digno de Bryan Singer, vamos. Patético escritor y actor, este Martín Garrido, Sr.

Y he dejado para el final a ese artista, ese "prodigio de la imagen", Martín Garrido, Jr. Chaval, por mi parte tres consejos desde mi humilde conocimiento del medio:

– Cuando desnivelas el encuadre, normalmente consigues sensación de confusión, desequilibrio, locura (prueba a ver ‘Perros de Paja’, de Sam Peckinpah, por ejemplo). Pero cuando desnivelas el encuadre en el 75% de los planos, consigues sensación de que estábais rodando con un trípode sin burbuja, o borrachos.

– Ritmo en una secuencia no significa meter planos de una décima de segundo en una conversación del tipo "¿has trabajado mucho?" Así mismo, si vas a mostrar la cantidad de cinco asesinatos, cinco, de un total de 18 que cometió el elemento este, por lo menos varía un poco la posición de cámara, que al tercero aburre ya un poco.

– Si al final vas a copiar a otros (Lynch, Fincher, McNaughton…), o intentarlo al menos, no vayas por la vida de "prodigio de la imagen", hombre. Que todos copiamos, pero cuando vamos de artistillas damos pena.

Triste, triste, que una película así se lleve a cabo.

Un 2, por algún momento de alguna de las prostitutas y porque darle menos sería darle notoriedad.
Lo mejor: Las risas que proporciona.
Lo peor: Que algo tan serio y tan costoso como hacer una película sea, en manos de individuos como los Garrido estos, objeto de risa.
publicado por Plissken el 31 enero, 2008

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