Tópica hasta decir basta.

★★☆☆☆ Mediocre

Hula Girls

Lo de basado en hechos reales es un subgénero en si mismo, y lo que acontece en esta producción nipona narra, entre el drama simpático y la comedia que quiere tocar la fibra sensible del espectador, la iniciativa en un pueblo minero, Iwaki, que en 1965, y ante la crisis del carbón por la sustitución del petroleo, decidió reciclar gran parte de sus puestos de trabajo creando un parque temático hawaiano como reclamo turístico.

Una idea inusual para la época, que necesitaba, como primer paso, de la colaboración de las muchachas del lugar para aprender a bailar la tradicional, y turística, danza hawaiana hula. Unas jóvenes que iniciarán su particular Full monty ataviadas con esos exóticos y atrevidos trajes que incluso muestran el ¡ombligo!.

El trabajo también se convertirá en una lucha personal por intentar salir del mediocre destino que les espera, y lógicamente un modo para superarse a si mismas como personas. Entre otras batallas, deberán lidiar con las mentalidades conservadoras y tradicionales, sobre todo entre padres e hijas, que ocasionarán no pocas discusiones, incluso agresiones físicas. Pero contra todas las adversidades, y los lógicos tropiezos iniciales de las incipientes bailarinas, nada detendrá el progreso.

El joven director japonés, de origen coreano, Lee Sang-il, tiene en sus manos un material con abundantes ingredientes para agradar fácilmente al público; y de hecho, en Japón ha sido un éxito arrollador. Hula girls posee además una clara voluntad para intentar conquistar el mercado internacional. Tanto que en su tratamiento y puesta en escena parece más una película occidental que no asiática. Si cambiarámos a sus intérpretes por otros europeos o norteamericanos, nos quedaríamos sin ningún rasgo distintivo de su nacionalidad.

Y no es que uno esperara hallar el espíritu de Ozu en su historia o imágenes, pero tampoco esperaba comprobar copia todo el manula de situaciones tópicas para la ocasión o como cae repetidamente en lo más facilón, edulcorado y previsible. Toda una colección de tópicos, tanto en los personajes y situaciones, o alargando innecesariamente las escenas supuestamente más melodramáticas e importantes. Tal vez lo único destacable sea el baile que se pega la profesora Hirayama (Yasuko Matsuyuki, casi una especia de profesor Keating, en versión femenina, salida de El club de los poetas muertos), ante sus primeras pupilas que la contemplan, a través de una ventana, con admiración.

publicado por Carles el 6 febrero, 2008

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