Solo por ver a Vincent Price que elegantemente degolla y decapita críticos mientras cita a Shakespeare, ya vale la pena.

★★★☆☆ Buena

Matar o no matar: éste es el problema

Vincent Price alcanza cuotas de interpretación inusitadas dando vida a un actor de tercera que trama una compleja venganza. Este delicioso drama combina horror, comedia y teatro shakesperiano a partes iguales, en un cóctel capaz de satisfacer a todo el mundo, ¡críticos incluidos! Cansado de recibir críticas asesinas durante años, el actor shakesperiano, Edward Lionheart (Price) decide que ha llegado la hora de darles con el telón en las narices a sus críticos. El plan es simple, acabar con ellos utilizando métodos inspirados en las obras del gran maestro: un descabezamiento al estilo Cimbelina, un apuñalamiento a la manera de Julio César, y la intempestiva extracción de una libra de carne, inspirada en el Mercader de Venecia. Lo que demuestra, de una vez por todas, que el mundo es verdaderamente un escenario… ¡El escenario del crimen!

Hablar de esta película es hablar de Vincent Price, y hablar de Vincent Price es hablar del puto amo. Mito e icono de la cultura cinematográfica, pocos actores tienen tanto carisma como para justificar con su sola presencia no ya la existencia de una película, sino la de docenas de ellas, como es el caso. Este señor fue uno de los causantes de que la serie B viviera una época resplandeciente allá en los 60 y 70 y ha dejado tras sí un legado inigualable: “El hundimiento de la casa Usher” (1960), “El cuervo” (1963), “La comedia de los terrores” (1964) y “El abominable Dr. Phibes” (1971) por nombrar algunas.

"Matar o no matar” bebe precisamente de la fórmula de esta última, solo que en “El abominable Dr. Phibes” la dirección y la puesta en escena son soberbias y aquí, se quedan a medio gas. El director Douglas Hickox no le hace justicia a un guión que realmente tenía mucha miga.

Aun así, la peli es un divertimento muy recomendable, con mucho humor negro y altas dosis de mala baba. Price está estupendo en su camaleónica interpretación del actor venido a menos con tendencias homicidas, dándole ese tono paródico que necesita el personaje. Solo por verle a él, que elegantemente degolla y decapita críticos mientras cita a Shakespeare, ya vale la pena.

La frase: “Los críticos solemos tener enemigos, Inspector. Digamos que son… gajes del oficio

Lo mejor: Vincent Price y el genial elenco de secundarios.
Lo peor: Douglas Hickox.

publicado por Cecil B. Demente el 6 febrero, 2008

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