Una buena película, con muchas dosis de humor inteligente, nada propio del director en cuestión. Y es que después de leer un libro tan bueno como en el que se basa, uno tenía miedo (y a la vez entusiasmo) al ver qué habría salido de la mente del cine

★★★☆☆ Buena

Los Crímenes de Oxford

Esta imperfecta y obsesiva película contiene un comienzo arrollador, magnífico y muy inteligente; su desenlace no podía ser peor, y es que aún es más intrigante e sabio. Los Crímenes de Oxford está basada en la homónima novela de Guillermo Martínez, que para gusto de un servidor, es una de las mejores que ha leído, y uno no podía imaginar, después de fascinarse por la compleja y matemática trama, que el director de su adaptación sería un tipo como Alex de la Iglesia. El resultado cinematográfico, sin embargo, posee un envidiable y brillante discurso, una puesta en escena muy conseguida, y, lo que es más importante, no se aleja del estilo literario de Martínez en ningún momento.

Así pues, quién no haya tenido la suerte de leer la novela, bien podrá disfrutar del juego planteado en el film, pero a quien ya lo haya hecho, le encantará esta especie de intriga mezclada con un drama muy creíble y atractivo. Muchos la tachan de excesivamente fría e incoerente; coincido en que el (nuevo) estilo de de la Iglesia es al puro estilo inglés, con una atmósfera inquietate pero fría a la vez (no hay otra palabra que pueda definirla), aunque eso no quiera decir que se trate de algo sin personalidad. Quizás el director español no ha dejado su sello bien marcado, pero ¿eso qué importa? La película es absolutamente entretenida y se deja llevar por una serie de lógicas y coherentes pistas, las cuales permiten que el espectador se despiste en algún momentos si no está muy atento. Por favor, que estamos ante una adaptación de un libro de misterio y no de una obra maestra de la literatura dramática. No es más que eso, una intriga con toques dramáticos muy bien hecha.

Pese a esto, su guión decae en algunos momentos, en los cuales el espectador puede perder el interés de la trama debido a su falta de ritmo, no de coherencia. Aunque todo está perfectamente ligado y bien llevado a cabo, escenas un tanto previsibles y también prescindibles hacen que Los Crímenes de Oxford no sea tan estupenda como aparentaba en un principio. Eso sí, repito, su comienzo y su final son de auténtico aplauso. No estoy diciendo que no me haya gustado en su mayor parte, en absoluto. Me parece que Alex de la Iglesia ha realizado un film más complejo de lo que podría imaginarse y con una factura técnica impecable (atentos al plano secuencia situado en el principio, donde plantea todos los posibles sospechosos y culmina con la primera muerte de manera excepcional), por no decir que el reparto está entregadísimo y muy acertado. Pero, sin duda, si hay alguien que destaca por encima de todos es el maestro John Hurt, que nos regala una actuación auténticamente impecable, muy memorable (no se dejen llevar por el monólogo final, que deja aterrorizados a todos los intrépidos y manipulables como el joven estudiante). Elijah Wood, este aprendiz que no acaba siéndolo tanto, y Leonor Watling nos ofrecen dos buenas interpretaciones, muy por encima de la media de guapetones que resuelven un/os crímenes. Sin duda, cabe destacar también un elemento clave que es muy propio de alguien como de la Iglesia: todos los personajes no son, vulgarmente hablando, perfectos y guaperas. Todos ellos, sin excepción, poseen características que recalcan más esta imperfección y el realismo (¿camuflado?) del conjunto; desde los protagonistas, que tienen sus virtues físicas (a mi, al menos, se me cayó la baba con cierta escena relacionada con Watling), pero también sus defectos, que hacen que esta historia resulte, no sólo más valiente, sino también más coherente. Alex de la Iglesia es, de alguna manera, el lado opuesto del personaje de Hurt: nada manipulador y totalmente sincero (gran frase de este gran rol hacia el final: “yo no sé nada”).

Una buena película, con muchas dosis de humor inteligente, nada propio del director en cuestión. Y es que después de leer un libro tan bueno como en el que se basa, uno tenía miedo (y a la vez entusiasmo) al ver qué habría salido de la mente del cineasta español. Pues el resultado es más que satisfactorio, pese a contener varios momentos muy prescindibles que hacen perder el ritmo, en general trepdiante, de esta inteligente historia. Lo más bueno de todo es que las matemáticas bien poco le importan a Álex de la Iglesia. Éste es un tipo que se conforma con saber el “dos más dos, cuatro” y no con fórmulas paranoicas. Sí, el film parece realizado por alguién de este estilo, pero recuerden en qué está basado: en una novela de un escritor que se licenció en matemáticas y no en cine. Cada uno a lo suyo, mientras lo hagan tan bien como los dos autores en cuestión.

Lo mejor: Un soberbio John Hurt y una trama que no pierde la atractiva esencia de la novela.
Lo peor: Pierde interés en varios momentos, absolutamente prescindibles.
publicado por Ramón Balcells el 9 febrero, 2008

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