Nadie pidió a los productores de este moderno Casanova que el suyo fuera capaz de competir con el de Fellini, pero qué menos que encauzar el proyecto con un mínimo de respeto y de rigurosidad, y hacer, de verdad, una comedia.

★☆☆☆☆ Pésima

Casanova

Las ¿memorias? del escritor y aventurero Giovanni Giacomo Casanova se ¿satirizan?, ¿ridiculizan?, ¿plasman de manera divertida? en una increíble película cuyo único atractivo reside en la ciudad de Venecia.

Con un paupérrimo guión y un Heath Ledger batiendo el récord de inexpresividad que ostentaba uno de sus compatriotas (el que atiende a las iniciales de R. C., y que ganó un Oscar), el mito de Casanova se ve reducido a una “comedieta” decepcionante, de tal manera que la similitud existente entre la biografía del mejor amante de todos los tiempos y esta pantomima es: ninguna. El director del invento, Lasse Hallström, nominado a los Oscar, cineasta oficial de los ABBA que, entre otros trabajos, les haría una película en 1.977, y que, bajo mi humilde punto de vista (seguramente equivocado), siempre ha pecado por dejarse engatusar para dirigir historias sensibleras y simplonas del tipo de “Chocolat” o “Las normas de la casa de la sidra”; en este último trabajo se daba con un canto en los dientes al afirmar orgulloso que es el primer cineasta que ha rodado en el interior de Venecia, lo cual es cierto.

Sin embargo, si éste era el sueño de su vida, bien podría haber hecho un documental de la ciudad del Adriático, y ahorrarnos la pérdida de tiempo que constituye el ver tan decepcionante metraje. De todos es sabido que la romántica Venecia es un lugar tremendamente fotogénico, de ésos que ganan en las postales y que pierden gran parte de su encanto en vivo y en directo, como los grupos malos de rock, así que le habría quedado un reportaje precioso, sin necesidad de contar historia alguna. Ahora bien, como buen director que dicen que es (y yo no lo dudo) hubo de tener la precaución de explicar a los responsables de producción que la dirección artística en una película es hasta necesaria, y casi, casi imprescindible para que la Venezia del siglo XVIII sea la Venezia del siglo XVIII, y no el lugar en el que pasaste tus últimas vacaciones. Lo cual es una auténtica pena, porque filmar en el interior de tan pintoresca ciudad y hacerlo, además, con la espléndida fotografía de Oliver Tapleton, no han podido subsanar ese “pequeño” detalle.
 Como tampoco es cuestión de cargar las tintas contra el director, que por muy sueco que sea o que se hiciera, sí que supo estar en su sitio, comenzaremos a comentar un guión que, por increíble que parezca, debe su existencia a una mujer. La guionista Kimberly Simi fue quien albergó la idea peregrina de crear un Casanova contemporáneo, juvenil y dicharachero, e inventó una historia en la que semejante impresentable se enamora de alguien porque ésta le rechaza. Dato importante: no se enamora por sucumbir al poder que emana el Amor verdadero, ni por aquello de haber encontrado su media naranja donde sólo había limones, sino por el hecho imperdonable de ser rechazado.

Habría que seguir la historia “Cinco años después”, cuando ya no hubiera tal rechazado, para ver dónde moraba el enamoramiento.
 No se tienen datos precisos del paradero de los guionistas que, posteriormente, desarrollaron el brillante argumento, pero es probable que cayeran en una I.T. por agotamiento mental. Muy lejos de barajar documentación alguna sobre la época que nos ocupa, -y ya no digo del personaje que estaban tratando- su único objetivo está encaminado en una sola dirección: desvelar los secretos del seductor. De esta manera, ponen en boca de la chica de Pepe Jeans, -una irreconocible Sienna Miller, que trata desesperadamente de imitar en este papel a la inimitable Katherine Hepburn- frases tan logradas como ésta: “Un verdadero seductor es aquél que dice a una dama ‘no quiero’ monopolizar la conversación”, cuando el verbo a usar, a mi entender, no es el de “querer” sino el de “saber”; y, en cualquier caso, oración sólo superada en ingenio y originalidad por la que le hacen pronunciar, en repetidas ocasiones, al australiano impasible metido a Casanova: “Eres la única, eres la única”.Tres palabras que él consigue declamar sin abrir los labios; cualidad importante en todo actor y, posiblemente, requerida para este personaje. De todas maneras, los esfuerzos del guión pronto se muestran tan banales como irrisorios, sobre todo teniendo en cuenta que a estas alturas de la Historia de la Humanidad cualquier mujer sabe que el auténtico y genuino Casanova es el que posee el don inapreciable de hacer creíble la falacia. Nada más fácil que haber empezado por ahí. 

En el apartado de los aciertos –que los hay- se encuentra el personaje de Francesca Bruni, una especie de George Sand hallada un siglo antes de su tiempo en otra parte del Planeta; la excelente fotografía, anteriormente mencionada; la banda sonora del compositor francés Alexandre Desplat, a quien también se debe la música de “La joven de la Perla; el gran trabajo del siempre buen actor secundario Oliver Platt; o contar con Jeremy Irons, que después de haber protagonizado peliculones de la talla de “Herida” o “La misión”, se puede permitir el lujo de desacreditarse con “Dragones y Mazmorras” o con otras producciones de calidad todavía inferior. Nadie pidió a los productores de este moderno Casanova que el suyo fuera capaz de competir con el de Fellini, pero qué menos que encauzar el proyecto con un mínimo de respeto y de rigurosidad, y hacer, de verdad, una comedia. El resultado al que se llega es la existencia de una película perfecta en las formas y carente de todo contenido, pero que, inexplicablemente, gusta.    
publicado por Bruji el 11 febrero, 2008

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