Pausada, reflexiva, con un humor muy negro a veces y con una considerable carga emotiva, aparte de su curioso desarrollo final. Gran debut de un grande de la interpretación.

★★★★☆ Muy Buena

Los tres entierros de Melquiades Estrada

Hay promesas que uno no debe hacer, por mucho que te las pida tu mejor amigo: "Si me muero, envía esta carta a mis padres", "si me pasa algo lleva este reloj a mi hijo", "cuida del perro en mi ausencia", "la próxima película me la dejas elegir a mí"… Pete Perkins es la víctima de una de esas promesas trampa: "si me muero antes que tú, haz que me entierren en mi hogar". Seguro que si llega a saber lo que conllevaría cumplir esa promesa, como mucho habría cuidado del perro de su amigo Mel.

‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ es el debut como director de cine de Tommy Lee Jones, que hace lo que cualquier principiante soñaría con hacer: rodearse de un equipo de primera. El guión lo firma Guillermo Arriaga, que se encarga de imprimir su sello personal; la producción ejecutiva corre a cargo de Luc Besson, entre otros; la fotografía la deja en manos de un enorme profesional, Chris Menges; y además se reserva el jugoso papel principal, acompañándose de un talentoso Barry Pepper. Casi nada.

Y de la suma de talentos surge una película pequeña en el planteamiento pero grande en los resultados. Jones saca partido del viaje transfronterizo del vaquero Pete Perkins (emotivo y contenido Tommy Lee Jones) para honrar la última voluntad de su camarada y amigo Melquíades Estrada, tras ser abatido a balazos: ser enterrado en Jiménez, el rancho donde ha dejado a su mujer, Evelia, y a sus tres hijos, esperando su regreso. Para cumplir su promesa deberá primero encontrar al ranger que le disparó (sensacional Barry Pepper), enfrentarse al sheriff local (estupendo pero algo desaprovechado Dwight Yoakam), desenterrar a su difunto amigo de suelo americano y emprender un pintoresco viaje a través de la frontera, en busca del paraíso donde Melquíades le pidió descansar. Lo que no le dijo es lo difícil que es encontrar el paraíso…

‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ arranca en forma de película "made in Arriaga", con múltiples personajes, contínuos e inexplicados saltos espacio-temporales, bastante confusa, en una palabra. Sabemos qué ha pasado, pero no cómo ni por qué. Poco a poco, la línea narrativa va encargándose de dejar atrás a los personajes secundarios (correcta January Jones como la sufrida esposa del ranger Norton; Dwight Yoakam como el agobiado sheriff Belmont, que desaparece inexplicablemente en la segunda mitad de la película; y una deliciosa Melissa Leo como Rachel, el nexo de unión entre el perseguido (Perkins) y el que debería ser el perseguidor (Belmont)), y se centra en la búsqueda de justicia y en la obsesión por corresponder a su amigo muerto por parte de Perkins, y en la redención no ya por el asesinato sino por su absurda y violenta forma de ser por parte del ranger Norton.

Es a ese nivel, a la hora de explicarnos qué es lo que guía a los dos personajes principales en cada momento, donde la película triunfa. Nos muestra hasta dónde somos capaces de llegar llevados por la amistad, o por la sed de justicia, o por el deseo de ser perdonados; pero también nos muestra de lo que somos capaces de creer cuando nos hemos quedado sin motor vital, de lo necesario que es para el ser humano tener una ilusión, un deseo, una meta. Algo que nos convierta en algo mejor de lo que somos, que nos distraiga de la presencia constante de la muerte, más física en esta película que nunca gracias al putrefacto cadáver de Mel, símbolo de lo que una vez hemos sido y de lo que todos seremos alguna vez.

En el apartado técnico, destaca poderosamente la fotografía del gran Chris Menges (‘La Misión’, ‘Los gritos del Silencio’, ‘The Boxer’…), que lo mismo hace lucir el desierto fronterizo como ilumina fantasmagóricamente una cantina mejicana. De lo mejor del año, sin duda, en el aspecto visual. En cuanto a ritmo, la naturaleza del guión hace que la primera parte del film sea un contínuo jump cut, sin aparente sentido hasta que se resuelve el enigma de "quién mató a Mel". A mi juicio, la película agradece el cambio de estilo en su segunda parte.

Pausada, reflexiva, con un humor muy negro a veces y con una considerable carga emotiva, aparte de su curioso desarrollo final. Gran debut de un grande de la interpretación.

Un 8,5
Lo mejor: Tommy Lee Jones en su doble faceta, y el tremendo equipo de profesionales que le arropa. La fotografía crepuscular de Chris Menges. Su bien medido humor negro.
Lo peor: El desaprovechamiento de algunas tramas secundarias, y esa puñetera manía de Arriaga de contarlo todo por trocitos.
publicado por Plissken el 12 febrero, 2008

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