Una buena entrada dentro de la saga del vampiro más famoso, que además tuvo la gracia, de ser un éxito a nivel de taquilla, convirtiéndose en uno de los productos más representativos de la Hammer.

★★★★☆ Muy Buena

Drácula has risen from the grave

“Drácula has risen from the grave” (1968), es la tercera entrada en la saga del famoso vampiro, realizada por la productora inglesa Hammer, que tiene como protagonista a Christopher Lee. En esta ocasión, la cinta esta dirigida por Freddie Francis, y cuenta además con la participación de Rupert Davies, Barry Andrews y Veronica Carlson.

Han pasado ya un buen tiempo desde que Drácula (Christopher Lee) fue destruido por el padre Sandor, pero aún los habitantes de los valles cercanos al castillo siguen atormentados por su recuerdo. Cierto día, el monseñor Ernest Mueller (Rupert Davies) llega al pueblo, y para su sorpresa se encuentra con que los feligreses se niegan a asistir a misa, debido a que aún en la Iglesia sienten la presencia maligna de Drácula. Para desterrar de una vez por todas, los supersticiosos temores de los aldeanos, el monseñor, en compañía del sacerdote local (Ewan Hooper) asciende con una gran cruz metálica a cuestas hasta el castillo de Drácula para realizar un exorcismo, con el fin de liberar a la región de su maligno influjo. Durante el ascenso, el sacerdote sufre una caída, con tan mala fortuna que su sangre llega hasta los labios del vampiro, que reposaba en la prisión de hielo en la cual había sido confinado, resucitándolo. Al enterarse Drácula de lo que ha hecho el monseñor, decide ir a la ciudad en busca de venganza, por lo que al llegar a aquel lugar, intentará seducir a la bella sobrina del monseñor, María (Veronica Carlson).

El varias veces galardonado director de fotografía Freddie Francis (responsable de la fotografía de obras como “El hombre elefante” (1980), “Duna” (1984), “Cabo de Miedo” (1991), entre otras), es quien lleva las riendas de este film. Este rol lo obtuvo debido a la imposibilidad de Terence Fisher de efectuar dicha tarea, ya que en aquella fecha, a causa de un accidente automovilístico, se encontraba con una pierna fracturada.
Una vez establecido, Francis escoge a Arthur Grant como su director de fotografía, lo que no significa que el director se olvidará por completo de la dirección artística de la cinta. El uso de filtros de distintos colores para aureolar algunas escenas en las que aparece Drácula, se le atribuyen a él pese a no ser el encargado de la fotografía, hecho que fue bastante criticado en su tiempo. Lo que quería lograr Francis, era darle una apariencia más fantasmagórica al personaje de Drácula, no vista en las entregas anteriores, cosa que a mi gusto consigue, logrando además conferirle a estas secuencias una atmósfera algo pesadillesca, que le viene bastante bien a la cinta.

En esta cinta como nunca el tema religioso toma una importancia fundamental durante el desarrollo de la misma. John Elder, quien estaba a cargo del guión se centra mayormente en los aspectos más religiosos del mito del Diablo y del mal, en este caso encarnado por Drácula. Acá no tenemos a Van Helsing como héroe de la cinta, sino que quienes le harán frente al maléfico conde, son el monseñor Mueller, que en todo caso es especie de Van Helsing religioso, y Paul (Barry Andrews), el joven novio de la sobrina del monseñor, que irónicamente es ateo. Esto no es más que un reflejo de la eterna guerra entre ciencia y religión, que al finalizar la cinta tendrá un claro ganador. Durante el transcurso de la película, Paul se verá enfrentado a situaciones que escapan de su lógica, por lo que pese a su resistencia a “cambiar de bando”, terminará refugiándose en la fe. Además, hay que recordar que el ayudante de turno de Drácula no es nada menos que un sacerdote, el cual corrompido por el mal, atenta contra sus propias creencias y contra su propio Dios, dejando en claro el hecho que las personas transitan entre el bien y el mal por distintos motivos, que en este caso especifico sería a causa del miedo y el abandono de la fe.
Esta relevancia de la religión y sus ritos, queda totalmente demostrada en la criticada escena en que Paul le clava una estaca al conde, mientras este yacía en su ataúd. Sin embargo, el vampiro no muere, porque como le revela el sacerdote a Paul, este solo puede morir si es que junto con clavarle la estaca se realiza una oración. Al ser Paul un ateo, este se rehúsa por lo que el vampiro queda en libertad de acción. Esta escena fue duramente criticada debido a la falta de rigor ante el mito de Drácula. Sin embargo, en defensa de la cinta, podemos decir es la primera que hace un real hincapié en la importancia de los ritos cristianos como arma en contra de un ser representante del más puro mal, cosa que se había obviado casi por completo en los films anteriores.

Por otro lado, tenemos a Maria y a la camarera, Zena, interpretada por Barbara Ewing, las cuales son dos personajes completamente opuestos, que de cierta forma se verán enfrentados por la atención, primero de Paul y posteriormente del mismo Drácula. Mientras que Maria es una chica de apariencia virginal, Zena es una mujer totalmente experimentada que ha tenido la posibilidad de estar con toda clase de hombres debido a su trabajo. Esta no se explica como Paul puede preferir a Maria, a quien ella considera más una niña que una mujer, siendo que ella puede ofrecerle todo aquello que ha aprendido con el tiempo. Más adelante una ya poseída Zena, se verá nuevamente rechazada, esta vez por el conde, quien le ordena traer a la sobrina del monseñor, para así poder poseerla. Esto no hace más que acercar al vampiro a la tendencia erótica universal, que mostraba la preferencia de los hombres (o mujeres) por lo nuevo e inexperto, antes de lo experimentado, y por lo tanto ya usado.
La sexualidad no puede quedar de lado en un film que tenga a Drácula como protagonista. Es por eso que se muestra a la vampirización como metáfora al acto sexual, relación que queda explicitada en la famosa escena en que Drácula se presenta por primera vez en la habitación de Maria. Drácula ingresa a la habitación mientras que Maria se encuentra tendida en la cama. Mientras el conde se acerca hacia ella para morderla, el director se encarga de insertar un plano en el que se muestra a la joven, arrojando su muñeca de porcelana de la cama en el momento preciso. Esto no hace más que indicar que ya ha dejado de ser una niña, abandonando su estatus de virgen y entregándose al deseo, cayendo de esta forma bajo el influjo del vampiro.

Pese a que al buen guión de John Elder se le podría haber sacado algo más de provecho, la tarea efectuada por Freddie Francis es bastante más que aceptable, notándose su preocupación por la estética del film. La cinta además posee una buena banda sonora, a cargo del especialista de la casa, James Bernard, además de un bien escogido elenco, resaltando la joven Veronica Carlson, quien debido a su buen trabajo en esta cinta, posteriormente trabajaría en otro film de la Hammer: “Frankenstein must be destroyed” (1969), esta vez junto con Peter Cushing, el otro actor icónico de la mítica productora.
 Esta película ha recibido una serie de críticas dispares durante el transcurso de los años, siendo criticada de manera negativa incluso por el mismísimo Christopher Lee, quien llego a declarar: “Esta fue hecha con completa falta de estilo, gusto o calidad de producción”. Si bien es cierto que son muchos los puntos que pueden resultar rebatibles en esta cinta, a mi gusto es una buena entrada dentro de la saga del vampiro más famoso, que además tuvo la gracia, de ser un éxito a nivel de taquilla, convirtiéndose en uno de los productos más representativos de la Hammer
publicado por Christian Sandoval el 15 febrero, 2008

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