muchocine opiniones de cinedesde 2005

Una película esencialmente luminosa, tan luminosa como adulta, un cuento mágico que abunda en particulares ideas visuales, tantas que sería difícil enumerarlas, y con una precisa construcción del universo que rodea a Coraline.

★★★★★ Excelente

Los mundos de Coraline

Pura magia. ¿Qué otra cosa podríamos esperar del director de Pesadilla antes de navidad? Selick nos vuelve a sumergir en su particular universo animado, ya sin el  sello paternalista de Tim Burton. De hecho, no es un dato más que recientemente se haya conocido más detalles de la adaptación de Burton de Alicia en el país de las maravillas. Por más que sea una genialidad (y no dudamos que así lo sea, aunque habrá que verla), Selick esta vez le ganó de mano. Coraline es un film animado, a diferencia del proyecto de Burton, y carece de la visión tenebrosa propia del universo “burtoniano”, elemento que la despega lo suficiente del clásico Pesadilla… Coraline es un cuento mágico, una suerte de otra cara de la misma moneda del clásico cuento de Lewis Carroll. Aquí Coraline es una niña que se sumerge en un universo onírico.

El comienzo despierta ciertas dudas. Coraline, a diferencia de su triste realidad, sueña con padres atentos, considerados, que no paran de atenderla como una reina. Hasta ahí podríamos suponer que la película redundará en psicologismos poco favorables para las expectativas de una película que a priori se supone mágica y encantadora. La verdad comienza a aflorar cuando comienza a descubrirse el reverso de ese mundo maravilloso que Coraline parece explorar en sus sueños. Cuando lo sobrenatural, lo fantasmagórico se hace carne en la vida de Coraline, la película comienza a transitar por los caminos de la pesadilla que avanza hasta intentar atraparla.

Es inevitable pensar en Pesadilla antes de navidad a la hora de ver esta preciosa película, pero Coraline no merece tal comparación, ya que posee ideas propias. Parecería imposible, mucho más para Selick, escapar de la óptica Burtoniana, pero lo consigue sin problemas. Coraline no solo posee ideas propias, sino que a la mirada gótica respecto a lo fantástico de Pesadilla…, la contrarresta con una propuesta cargada de luces y colores, que precisamente detrás de su colorido y su brillo oculta su perversión, su faceta oscura. Nada mejor para una obra del maestro Neil Gaiman (autor del cómic Sandman, entre otros, y de la novela Stardust, arruinada en el cine por una mediocre y convencional adaptación) que la majestuosa apuesta estética de Selick, director que siempre ha llevado la animación a un terreno sumamente original. Y con Coraline consigue una película esencialmente luminosa, tan luminosa como adulta (indudablemente la disfrutarán más los padres que los hijos), incluso un tanto psicodélica en su apuesta a lo mágico (tan psicodélica como, por ejemplo, El mago de Oz), un cuento mágico que abunda en particulares ideas visuales, tantas que sería difícil enumerarlas, y con una precisa construcción del universo que rodea a Coraline. Tan cerca del resto de la animación actual, por su empleo de lo computarizado, y principalmente por su apelación al público adulto, como lejos del grueso de la producción animada, por su nobleza, que no requiere de guiños para adolescentes y adultos respecto a la cultura popular. Su madurez, tanto en la historia como en la apuesta visual, se vale por sí sola, no apela ni se sostiene en la lectura de otros códigos actuales.

Básicamente, para entender y disfrutar de Coraline, hacen falta dos condiciones: Que de niños nos hayan leído los cuentos más tradicionales y siempre eternos y vigentes, y carecer de todo prejuicio ante el cine de animación. Sí, el cine de animación nos puede hacer vivir experiencias únicas, ya lo han demostrado Pesadilla…, pero también películas como Wall-E y, en otro sentido no muy lejano aunque más cómico que bello, Los increíbles y Shrek, entre tantas otras grandes películas. Y Selick vuelve a dejar su peculiar huella en el cine de animación, para demostrarnos una vez más, como ya lo vienen haciendo otros grandes exponentes, que Hollywood debe aprender del cine de animación, uno de los pocos géneros que aún puede apostar a la imaginación y la inventiva, cuando todo lo demás parece hundirse en el reciclaje y la pura mediocridad. Acaso la animación se haya convertido en el plato fuerte de Hollywood precisamente para eso, para salvar a toda la industria del colapso que representa la sobreproducción carente de ideas.

Lo mejor: Su magia y sus muchas ideas visuales.
Lo peor: Su necesidad de convertirse en el bálsamo perfecto de un Hollywood devastado por la falta de ideas.
publicado por Leo A.Senderovsky el 29 julio, 2009

Enviar comentario