Un thriller con tanta clase como su protagonista.

★★★★☆ Muy Buena

Michael Clayton

Una llamada en medio de la noche. Un cliente con graves dificultades, y un despacho de abogados que cuenta con el tipo de profesional que requiere la ocasión. Por su elegancia y precisión, la seguridad que muestra en sí mismo, la rápida presentación en el lugar de los hechos, y por la propia definición de su cargo, la de “solucionador de problemas”; muchos recordarán a Harvey Keitel como Winston Wolf. Sin embargo, nada tiene esta cinta de Pulp Fiction Tarantiniano; moviéndose, más bien, por los derroteros que seguían productos como El Informe Pelícano (Alan J. Pakula, 1993) o Erin Brockovich; y es que, no en vano, Steven Soderbergh no está lejos del proyecto.

Su director, un Tony Gilroy desconocido en las tareas de realización hasta esta película, es el creador de la saga de Bourne; el espía que, gracias a los inteligentes movimientos de su guionista, ya se encuentra a la altura de otros grandes agentes especiales del cine, como el mismísimo Bond o Ethan Hunt de Misión Imposible. Y es que ésa es una de las habilidades del Gilroy escritor, la de saber adentrarse en temáticas manidas y estereotipadas para darles una nueva dimensión.

En esta ocasión, sigue manifestando su obsesión por el mundo profesional y cómo éste afecta y es afectado por las relaciones personales, la vida familiar y las condiciones, aptitudes y actitudes individuales, tal y como mostrara desde sus inicios con la presentación de una deliciosa y diferente comedia romántica, Pasión por el Triunfo, allá por 1992. Después, vendrían historias como Prueba de Vida, interpretada por Russell Crowe, Al Cruzar el Límite, o Pactar con el Diablo, en la que pudo conocer diversos casos del entramado legal neoyorquino que inspiraron la figura de Michael Clayton.

Básicamente, nos encontramos con un thriller que tiene tanta clase como su protagonista, George Clooney, Cary Grant del siglo XXI, y también nominado por este papel. Un análisis riguroso que huye de los artificios de los relatos de John Grisham, para difuminar la línea entre buenos y malos y mantenerla hasta el final de la narración; que, lamentablemente, no se atreve a romper con lo políticamente correcto, para decantarse por una resolución que nunca se dio en los hechos reales en los que se basa. El cine americano sigue apostando por los finales de triunfo moralista frente a la vorágine del mundo actual.

Por lo demás, Michael Clayton es una de esas elaboraciones bien paridas que tan poco juego dan a los críticos. Un trabajo perfeccionista del que pocos errores y muchas virtudes se pueden extraer. Sólo tenemos que recordar su magnífico arranque, en el que una estupenda voz en off acerca a una realidad con la que no estamos familiarizados, para adentrarnos en ella y no permitir que el espectador pagano pueda perderse. Una película que consigue enganchar, como pocas, desde el primer fotograma, que demuestra que los grandes planos no sólo salen de paisajes inspiradores, sino que éstos también se pueden lograr siguiendo con la cámara las ruedas de un carrito que reparte expedientes en unas oficinas, o con el agua de un grifo que intenta calmar la angustia de la protagonista.

Tras una concienzuda exposición, -que pone especial cuidado en el particular back-story de cada personaje y minimiza los efectos adversos de su denso argumento-, los brillantes diálogos y el caprichoso montaje que persigue a la actriz, desembocan en la planificación más excitante que ha dado el séptimo arte desde la versión inglesa de Sabotaje de Alfred Hitchcock. Se agradece su ágil ritmo, la genialidad de conocer el origen de la trama con un cinta de vídeo, de descubrir a Clayton a través de las notas de una secretaria, de aproximarse al memorándum 229 desde la visión de un hastiado perturbado. Se agradece, igualmente, la propuesta que arriesga con un guión parcialmente desestructurado, que permite volver a la inicial partida de pócker, que no será percibida con la misma mirada.

En el apartado que concierne al reparto, asistimos a verdaderos duelos interpretativos, los que se establecen entre todos los personajes y que ampliamente justifican todas sus nominaciones. La contención y el escrupuloso trato que se dedican a cada uno de ellos, son los responsables de la empatía que se establece entre el público y un Tom Wilkinson en estado de gracia (qué ganas tenía de poder escribir estas palabras en una crítica de cine), hasta con una Tilda Swinton que ratifica las conclusiones que, de esta historia, daba su creador: “Cuando estás perdido, ni todo el carisma del mundo te ayuda a encontrar el camino a casa”.

Tan perdida como lo estuvo esta cinéfila en la quiniela de la edición número 80 de los Oscar al marcar su apuesta de “mejor película”. Que nadie se lo crea, que, como diría el encantador Clooney-Clayton, “es broma”…. y la acción transcurre entre los títulos de crédito finales…. y las tribulaciones de un hombre atormentado pronto se solventan con una sonrisa.

publicado por Bruji el 27 febrero, 2008

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